Sin importar religión o creencia, nadie fue indiferente a la noticia
En 2010, Benedicto XVI dijo que cuando un papa no puede cumplir con las obligaciones, tiene “el derecho y hasta el deber de renunciar”. La gente opinó y cruzó posiciones en las calles de Roma.
La renuncia del papa Benedicto XVI no dejó indiferentes a católicos, ateos o agnósticos, que, tras la sorpresa inicial por la noticia del lunes pasado, siguen centrando sus conversaciones en las calles de Roma sobre este tema que recorrió el mundo. Desde el Lungotevere, Plaza Navona, Campo di Fiori o Plaza Farnese se puede ver a romanos y turistas leyendo los diarios con grandes portadas sobre la renuncia del Papa que se hará efectiva el 28 de febrero (mirá el gráfico). "Creo que estaba realmente cansado. Ha sido un hombre que ha querido reformar la Iglesia (católica) y ha sufrido muchas presiones. Pero el hecho de retirarse es un acto heroico", dijo a Patrizia Porpora, atea, de 56 años, y dueña de la Librería Española en la Plaza Navona, al reflexionar sobre la decisión de Benedicto XVI. Diferencias. Además, muchos romanos debaten en las calles las diferencias entre el final del pontificado de Juan Pablo II y el de Benedicto XVI. "Juan Pablo II prefirió seguir el ejemplo de Cristo, que nunca se bajó de la Cruz, y mostró su deterioro, su humana agonía al mundo con una humildad ejemplar hasta su muerte como papa, mientras que Benedicto XVI ha cumplido lo que dijo en 2010", declaró Simone Spelluci, ejecutivo, católico, de 53 años."Cuando un papa alcanza la clara conciencia de que ya no es física, mental y espiritualmente capaz de llevar a cabo su encargo, entonces tiene en algunas circunstancias el derecho, y hasta el deber de renunciar", dijo el propio Benedicto XVI en 2010 al periodista alemán Peter Seewald, recordó el ejecutivo."Han sido dos papas formidables, dos estilos diferentes, dos finales también diversos e igualmente ejemplares, por ello no se pueden comparar", opinó Spellucci en un cafetín del Corso Vittorio Emanuele.Los romanos conocieron ayer que Benedicto XVI fue sometido hace unos tres meses a una operación de corazón en una clínica del Vaticano para sustituirle un marcapasos y comienzan a comprender lo duro que ha sido para un hombre que cumplirá 86 años en abril presidir los largos actos litúrgicos, las visitas a parroquias, las audiencias públicas y privadas, y los viajes pastorales, entre otros.Al portero de un palacio en la Plaza Farnese, Ernesto Calcagni, de 54 años, le gustaba sobremanera Juan Pablo II "por su carisma, porque atraía mucha gente a la Iglesia y sobre todo, a jóvenes"."Benedicto XVI me parecía frío y distante y durante estos ocho años de pontificado no he sentido nada por él. Sin embargo, tras la sorpresa de ayer y la reflexión que hago hoy, he vuelto a creer en este Papa porque su gesto ha sido muy fuerte, de mucho coraje", aseveró.Y antes de regresar a su portería espetó: "Creo que Italia ha sido fuertemente afectada por su renuncia como el rayo que hizo blanco ayer en la cúpula de San Pedro".Entre las frutas y verduras de su puesto en el colorido Campo de Fiori, Alessandro Conti, agnóstico, de 38 años, dijo con una amplia sonrisa que la renuncia del papa "ya podría ser un ejemplo a imitar por la clase política. Ellos son los que deben de tomar nota".Una clienta de Conti, Claudia Russo, de 58 años, consideró que el Papa "ha sido un intelectual en la sede de Pedro, un hombre verdadero. Ha sabido afrontar momentos muy complicados para la Iglesia; los ha afrontado con realismo y justicia; y con humildad pidió perdón"."Ante una sociedad sin valores ni rumbo denunció el relativismo, nos describió a un Dios que es amor y esperanza y defendió la vida desde su concepción hasta su final", apuntó Russo.El lunes, fiesta de la Virgen de Lourdes, "ha anunciado su renuncia y con gran humildad ha reconocido que no tenía fuerzas", recordó mientras pagaba su compra a Conti.Ayer me entristecí, pero hoy –concluyó con pesadas bolsas en la mano– comprendo que Benedicto XVI "seguirá leyendo y escribiendo en contacto directo con Dios a través de la música y la Eucaristía".Y antes de encaminar sus pasos hacia via Dei Giubbonari manifestó: "Ha entrado a formar parte de la gran historia de la Iglesia y del mundo".
Impacto nacional
Monseñor José María Arancedo (Santa Fe) y presidente del Episcopado. Aseguró que el testimonio que Joseph Ratzinger "ha dado de su vida e incluso en su misma renuncia habla de una gran seriedad, de responsabilidad", y exhortó a prepararse para "recibir a quien será el próximo sucesor de Pedro, el próximo papa".
Monseñor Andrés Stanovnik, (Corrientes). Consideró "digno de destacarse la claridad, profundidad y sentido pastoral de la enseñanza de Benedicto XVI, y su extraordinario sentido de humanidad, que se hacía explícito en el amor sincero y universal que transmitía por todos los hombres, sin ninguna distinción".
Monseñor Alfonso Delgado (San Juan). Expresó que fue "un acto de enorme grandeza y de profunda humildad por parte del Papa. Expresa un gran amor a la Iglesia y una plena confianza en la providencia de Dios".
Monseñor Francisco Polti (Santiago del Estero). Afirmó que "con la misma humildad y sencillez con que enfrentó los momentos difíciles de su pontificado, ha decidido ante Dios que su misión como papa está cumplida".
Monseñor Miguel Ángel D'Annibale (Río Gallegos). Expuso que el hecho de que "el Papa reconozca su debilidad, tanto espiritual como física, que le impide estar a la altura de la nueva evangelización, propuesta por él mismo para toda la Iglesia, nos hace mucho bien. Él seguirá prestando su ayuda a la Iglesia por medio de la oración".

