Similares, pero no iguales
En cuestión de días, Muamar Kadhafi dejó de ser el líder libio para convertirse en el dictador más sangriento. Pedro Luque.
En cuestión de días, Muamar Kadhafi dejó de ser el líder libio para convertirse en el dictador más sangriento. Como ocurrió con Túnez primero y con Egipto después, el mundo político corre hoy una carrera diplomática por amonestar al tirano, pero al mismo tiempo salen a la luz las relaciones que Kadhafi mantenía con líderes de todos los colores y continentes. Desde Chávez, que le entregó una réplica de la espada de Bolívar, hasta Obama, que le estrechó la mano en la histórica cena del G-8 en julio de 2009, a nadie le preocupaba mucho que Kadhafi se perpetuara en el poder desde 1969. Incluso, Italia mantenía negocios bilaterales con su ex colonia por más de 40 mil millones de dólares anuales. Ahora, algunos sostienen su incondicional apoyo al líder libio, pero la mayoría se sumó a la competición de las increpaciones.Desde Libia, la información llega a cuentagotas y manchada de sangre, como pasó en las revueltas de los países vecinos. Internet es bloqueada y los periodistas son considerados terroristas. Una vez más, la web se erige como la principal arma de cambio y, otra vez, la juventud juega un papel fundamental. "Esto es una farsa actuada por los jóvenes", por "jóvenes locos y drogados", afirmó Kadhafi.Se repite en el caso libio el éxodo que se vivió en Egipto, como así también el temor europeo ante el aumento de la ola migratoria. Se viven de nuevo jornadas de incertidumbre, represión y muerte. Marca la diferencia. Pero el caso libio tiene sus particularidades. Esta vez suena la alarma económica mundial porque la revuelta disparó el precio del petróleo. Libia es el exportador de crudo más importante del continente y el 80 por ciento de su producción va a parar a Europa. En esta oportunidad, Estados Unidos no quiere jugar un papel central. Cuando la crisis estalló en Egipto y Bahrein, Obama usó toda su influencia. Hubo llamadas telefónicas que aceleraron soluciones en aquellos países que Washington considera clave para sus intereses. Sin embargo, Libia no es una prioridad y la Casa Blanca se limita a cortar relaciones y mantener una actitud políticamente correcta.Pero una de las principales diferencias de la crisis libia es que la plaza central de la capital le pertenece a Kadhafi. Aunque en un primer momento hubo protestas en Trípoli, la verdadera revuelta se desató en las ciudades del este. Ya no se habla de manifestantes opositores, sino de rebeldes. Libia se desangra con una guerra civil que ya provocó más muertes que todas las otras revueltas juntas.La ola avanza y el líder libio la espera atrincherado en la capital. En Túnez, Ben Ami no hizo mucha fuerza para quedarse. En Egipto, Mubarak amenazó con liderar la transición, pero al final huyó. En Libia, según el ministro de Justicia que dimitió en estos días, "todo está en manos del pueblo y Kadhafi acabará por suicidarse, como Hitler". Tal vez su final no sea tan trágico, pero no ahorrará balas ni muertes para defender su trono.

