El Santos de la espada y la palma
Quizá sus aspiraciones anidaban en su interior mucho antes, pero saltaron a la vista de todo el mundo de manera ostensible al promediar sus años de ministro de Defensa del gobierno de Álvaro Uribe Vélez. Marcelo Taborda.
Quizá sus aspiraciones anidaban en su interior mucho antes, pero saltaron a la vista de todo el mundo de manera ostensible al promediar sus años de ministro de Defensa del gobierno de Álvaro Uribe Vélez. Fue en el segundo mandato de este, entre 2006 y 2009, cuando Juan Manuel Santos, un hombre cuyo apellido se entrelaza con la historia de política y medios de Colombia, adquirió un protagonismo que por momentos eclipsó y fastidió al entonces mandatario y mentor de la "Política de seguridad democrática".Santos era el implacable ministro que, tras la incursión colombiana en suelo ecuatoriano, la madrugada del 1° de marzo de 2008, que acabó con la vida de Raúl Reyes y de otros guerrilleros y allegados a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc), defendió el bombardeo y la incursión en territorio de un país vecino. La "Operación Fénix", reivindicada por Bogotá con argumentos similares a los esgrimidos otrora por Estados Unidos en sus "guerras preventivas", puso en máxima tensión la relación entre Colombia y Ecuador.Tras la muerte de Manuel Marulanda o "Tirofijo", máximo líder de las Farc, el 26 de marzo de 2008, Santos proyectaría su imagen a lo más alto, cuando el 2 de julio de ese año apareció junto a la recién liberada Ingrid Betancourt, la rehén más reclamada, en el exitoso final de la "Operación jaque", con la que terminó también el cautiverio de tres estadounidenses y 11 militares colombianos.Pero fue también durante su gestión que trascendieron los "falsos positivos", esto es, la matanza de campesinos, indígenas o lúmpenes sin familia a los que militares ejecutaban y luego presentaban como guerrilleros caídos en combate, para ganar un ascenso o recompensa. Abortado constitucionalmente el intento re-reeleccionista de Uribe, en el espectro de la derecha más conservadora y huérfana del "Partido de la U", que contribuyó a fundar, la candidatura de Santos parecía cantada. Aunque hubiera preferido otro delfín, Uribe le dio una tibia bendición a la campaña de su ex colaborador y ex ministro de Hacienda de Andrés Pastrana. Las diferencias entre Uribe y su sucesor no tardarían en aflorar cuando Santos llegó a la Casa de Nariño, el 7 de agosto de 2010. Ni siquiera las operaciones que derivaron en la muerte del líder militar de las Farc, "el Mono Jojoy", el 22 de septiembre de ese año, o el deceso del jefe político de la guerrilla, Alfonso Cano, el 4 de noviembre de 2011, que parecían la continuidad de la mano dura uribista, frenaron las embestidas de Uribe contra su heredero. Así, no extrañó que el ex presidente, que en ocho años de gobierno tendió una rama de olivo a los paramilitares –a quienes se lo vinculó–, fuera el más ácido detractor de Santos y de toda apuesta de diálogo con las Farc. Los uribistas dicen que la "capitulación" apunta a las elecciones de 2014; quizá la reacción de Uribe también.Lo cierto es que una luz de esperanza de paz surge en Colombia. Y como dijo el premier israelí Yitzhak Rabin, luego asesinado por un extremista judío, la paz no se hace con los amigos.

