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Renunció la cúpula del banco del Vaticano

El director y el subdirector del Instituto para las Obras de Religión dimitieron a pocas horas de la detención de un alto prelado de la Curia. El Papa decidió descabezar la polémica entidad.

02 de julio de 2013 a las 12:01 a. m.
Pablo Ordaz (El País, de Madrid)
Renunció la cúpula del banco del Vaticano
Encargado interino. El alemán Ernst von Freyberg estará a cargo del IOR por decisión de Bergoglio (AP).

Ciudad del Vaticano. El papa Francisco parece dispuesto a terminar, de una vez y por la vía de urgencia, con los escándalos del banco del Vaticano.

Sólo unas horas después de la detención de Nunzio Scarano, el alto prelado que junto a un exagente de los servicios secretos italianos y a un broker intentó fletar un jet desde Suiza con 20 millones de euros, Jorge Mario Bergoglio decidió descabezar el banco del Vaticano para, de facto, ponerlo bajo sus órdenes.

La Santa Sede anunció la dimisión del director general del Instituto para las Obras de Religión (IOR), Paolo Cipriani, y del vicedirector, Massimo Tulli. Según una comunicación oficial del Vaticano, “tras muchos años de servicio, los dos han tomado esa decisión en el mejor interés del instituto y de la Santa Sede”.

“El Consejo Superior –añadía la nota– y la Comisión de Cardenales han aceptado las dimisiones y han pedido al presidente del IOR, Ernst von Freyberg, que asuma de manera interina las funciones de director general con efecto inmediato”. El comunicado también precisó que tanto la Autoridad de Información Financiera (AIF), el organismo creado en 2010 para vigilar la transparencia financiera de la Santa Sede, como la comisión de investigación creada por el Papa el pasado miércoles ya habían sido informados. El alemán Von Freyberg –nombrado por Benedicto XVI en sustitución del anterior presidente, Ettore Gotti Tedeschi, unas horas antes de dejar de ser el Pontífice– estará ayudado por Rolando Marranci, quien asumirá de manera provisional la vicedirección, y Antonio Montaresi como responsable de proyectos especiales. Ambos tienen experiencia en bancos de Estados Unidos e Inglaterra.

Se cierra así, según fuentes de la Iglesia Católica, unas horas especialmente duras en el Vaticano en general y en el IOR en particular. Sobre todo al comprobar que, tras la detención por parte de la Guardia de Finanzas (la policía fiscal italiana) de un alto miembro de la Curia, el Vaticano no sólo no intentaba rescatarlo sino que, de forma explícita, se ponía a disposición de las autoridades italianas.

Esa declaración del portavoz vaticano, Federico Lombardi, suponía de hecho un cambio de época. Los corruptos con sotana no sólo irían al infierno, sino también a la cárcel. Porque, además, la historia de la detención de Scarana no es la de la típica manzana podrida que, una vez apartada, deja de contaminar a las demás. De la investigación de las fiscalías de Roma y de Salerno se desprende que Monseñor 500 –así llamaban a Scarano por su disponibilidad de billetes púrpuras– manejaba gran cantidad de dinero, de inmuebles, de acciones y de títulos gracias en gran medida a la opacidad mítica del IOR, un banco que, tras los muros del Vaticano, sigue ofreciendo a sus clientes la misma confidencialidad que el más oscuro de los paraísos fiscales. Y sólo con cruzar el Tíber.

El tema previo del cónclave. Los escándalos del banco del Vaticano centraron buena parte de las congregaciones generales, las reuniones que celebran los cardenales antes del cónclave. Durante aquellos días que siguieron a la renuncia de Benedicto XVI –marcada por el robo de su documentación secreta y las peleas de poder entre distintas facciones de la Curia– los cardenales estadounidenses y el propio Bergoglio protagonizaron intervenciones muy claras a favor de limpiar la Iglesia. Y el IOR, estaba claro, era de los lugares donde con más urgencia había que meter la escoba, el pozo oscuro que en las últimas décadas había venido emponzoñando la labor de la Iglesia. Pero, entre los riesgos de emprender una operación tan arriesgada y la proverbial lentitud eclesiástica, nadie pensó que esos buenos propósitos se pusieran en marcha tan pronto.

Sin embargo, entre el discurso recurrente del papa Francisco –“deseo una Iglesia pobre y para los pobres que salga de los palacios y vaya a las periferias”– y las continuas sospechas de corrupción lograron el milagro. Un terremoto en el IOR.

Ya el miércoles pasado, Francisco lanzó un mensaje muy claro al nombrar una comisión de investigación sobre el banco del Vaticano. La orden del Papa era tajante. No sólo reformar el IOR para que “los principios del Evangelio impregnen también las actividades de carácter económico y financiero”. Pero no menos tajante era la composición de sus investigadores. Bajo la dirección del cardenal salesiano Raffaele Farina trabajarían un cardenal francés, Jean-Louis Touran, una mujer laica, la profesora estadounidense, Mary Ann Glendon, el arzobispo español Juan Ignacio Arrieta y el teólogo estadounidense Peter Bryan Wells. La consigna, mano dura. Hechos, en vez de palabras. El Papa que vino del fin del mundo no parece dispuesto a que le tomen el pelo.

Interrogaron durante tres horas a Scarano

Primera vez. El prelado del Vaticano arrestado en un caso de corrupción por 20 millones de euros fue interrogado ayer por magistrados italianos por primera vez y pidió arresto domiciliario.

Malestar. El abogado Silverio Sica dijo que Nunzio Scarano no está bien en la presión Regina Coeli de Roma y aguarda una decisión sobre su solicitud.

Pendiente. Scarano fue interrogado ayer durante unas tres horas por la jueza Barbara Callari, quien debería decidir la confirmación o no de su arresto.

Desde el viernes. El prelado fue arrestado el viernes con otras dos personas en la investigación sobre una trama para recibir 20 millones de euros de una cuenta bancaria suiza sin informar.

Operación limpieza. El papa Francisco puso en marcha la semana pasada una comisión independiente de investigación sobre la situación del banco, que se encuentra en el punto de mira de la Justicia italiana. La trama oscura de los asuntos financieros de la Iglesia es uno de los desafíos del pontífice argentino, ungido en el mes de marzo pasado.