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El regreso del zar

En la costa del Mar Negro se levanta un enorme palacio, digno de los zares, recién construido. El dueño sería Vladimir Putin. Alejandra Conti.

06 de mayo de 2012 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
El regreso del zar

En la costa del Mar Negro se levanta un enorme palacio, digno de los zares, recién construido. El dueño sería Vladimir Putin, a punto de jurar para ocupar por tercera vez la presidencia de Rusia. La obra es monumental, al viejo estilo imperial, e incluye en el proyecto, además de todas las comodidades que se puedan imaginar, tres helipuertos y una nueva ruta directa desde la ciudad más próxima. La novedad fue revelada a la BBC por Sergei Kolesnikov, un ex socio de Putin en varios negocios, ahora arrepentido y exiliado en Estonia. Imágenes satelitales y fotos filtradas supuestamente por algunas de las personas que trabajan en el palacio parecen confirmar sus aseveraciones. Lo que las imágenes no pueden demostrar es si, como se sospecha, una enorme millonada de dólares de las arcas estatales fue usada en esa obra. Kolesnikov es un empresario ruso exiliado en Estonia y durante varios años fue el responsable de la construcción de la mansión.Según indicó durante una entrevista en el programa Newsnight , de la BBC, fue uno de los primeros individuos del círculo más cercano a Putin que alertó sobre la corrupción rampante que afecta al país y de la que el presidente electo forma parte.El ex socio estuvo involucrado en una iniciativa del propio Putin para reequipar los hospitales rusos y que llevó a muchos hiperricos a donar millones de dólares para esa causa. Parte de lo que debía ser utilizado para el objetivo oficial en realidad fue desviado a cuentas en paraísos fiscales, sin el conocimiento de los donantes y por expresa indicación de Putin, según declaró el arrepentido a la cadena británica. Parte de ese dinero (gran parte, según remarcó Kolesnikov) fue a parar al "Proyecto Sur", la casa de fin de semana."Sus órdenes no se discutían. Él era el zar y nosotros los esclavos", dijo Kolesnikov en la entrevista.En diciembre de 2010 el empresario escribió una carta abierta al presidente Dimitri Medvedev en la que denunciaba estos manejos. Putin era primer ministro de Medvedev, y éste último siempre fue considerado un simple testaferro en el gobierno, que será gratificado con el puesto de primer ministro durante la nueva presidencia de Putin. Un enroque.Una investigación realizada por la BBC dio como resultado que el palacio pertenecía a una sociedad encabezada por otro socio de Kolesnikov y de Putin, y que luego fue vendido a un "empresario nuevo ruso" (nuevo rico) que aparentemente no está involucrado en forma directa con el presidente electo. Novaya Gazeta , un periódico no oficialista, asegura que el palacio fue construido en terrenos fiscales; que el funcionario que autorizó la construcción ahora niega haber firmado un documento en ese sentido.El diario describe una situación delirante: miembros de una ONG anticorrupción llegaron hasta el palacio y fueron corridos por la guardia oficial del Kremlin. ¿Qué hacían esos agentes en una propiedad supuestamente privada en las costas del Mar Negro, tan lejos de Moscú? Según la agencia de seguridad encargada de custodiar el palacio, no se trataba de agentes oficiales sino de sus propios empleados, que habían comprado los uniformes y las identificaciones en un negocio de memorabilia militar. Esto es una anécdota más, una de las tantas que pintan al hombre fuerte ruso, su poder y su impunidad.Ganó las elecciones en diciembre de 2011 con fuertes sospechas de fraude, sepultando las expectativas de quienes aspiran a una reforma política y social que le saque de encima a los rusos las rémoras de la fractura que los llevó del comunismo al capitalismo salvaje sin transición. Rusia es hoy un país fuertemente inequitativo, con decenas de megamillonarios y millones de pobres. En el medio, una clase media emergente que aspira a algo mejor pero no tiene los medios para conseguirlo.Las enormes movilizaciones que siguieron a las elecciones no alcanzaron. Para muchos rusos, Putin representa estabilidad. Una estabilidad corrupta, pero previsible; algo así como el "roban pero hacen".La oposición no está a la altura de las circunstancias, tanto por responsabilidad propia como por las leyes electorales de 2000, que obstaculizan la llegada de los opositores al Parlamento (por los condicionamientos para registrarse, por ejemplo). La estrategia oficial, además, toma argumentos de izquierda y derecha para captar parte de todos los sectores.Putin refuerza su popularidad con medidas de tono social incuestionables, como el aumento de las jubilaciones y de los sueldos de los docentes y de los empleados del sector de la sanidad. También subsidia industrias tradicionales (con las que tiene fortísimos vínculos personales) y enarbola un discurso nacionalista que cala hondo. Al mismo tiempo, reprime manifestaciones opositoras y organiza las propias con fondos públicos, coopta medios de comunicación y recurre a acusaciones de traición a la patria a quienes cuestionan su accionar.La democratización que esperan los cientos de miles de rusos que salieron a las calles durante el invierno para protestar por la prolongación del gobierno de Putin deberá esperar. Con Putin no habrá más democracia, sino más de lo mismo.