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La recesión, tapada por la fiesta

La responsabilidad de dejar un resabio amargo en medio de este momento único, como no podía ser de otra manera, es la economía. Alejandra Conti.

29 de julio de 2012 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
La recesión, tapada por la fiesta

"El Reino Unido es una tierra de contradicción y paradoja y el show de esta noche será fiel a esa compleja personalidad si celebra ambas". Con esta frase, Mark Easton, una firma estrella de la BBC, analizaba el particular momento de la espectacular apertura de los Juegos Olímpicos en Londres. No se refería al país cuna del liberalismo, que esclavizó y sojuzgó a extraños y propios (recordar la falta de derechos de los trabajadores de la era industrial). En una fiesta a la que está invitado todo el barrio, uno no muestra sus crímenes y pecados. Se refería a la Gran Bretaña actual, la que muestra su mejor cara al mundo mientras, puertas adentro, intenta encontrar luz en un túnel al que no se le ve el final. La responsabilidad de dejar un resabio amargo en medio de este momento único, como no podía ser de otra manera, es la economía.Si no fuera por los Juegos, Londres sería mala noticia hoy por haber registrado una contracción de su economía de 0,7 por ciento en el segundo trimestre del año, por segunda vez consecutiva. Esto fue considerado un severo golpe, dadas las expectativas de mejoras que se esperaban tras las medidas de ajuste aplicadas desde hace dos años, cuando asumió el gobierno la coalición conservadora-liberal-demócrata encabezada por David Cameron.Los diarios y sitios web hablaban de " shock " y "zona de desastre". Las previsiones hablaban de 0,2 por ciento, lo que ya era suficientemente malo, por lo que el índice final fue una sorpresa.Algunos señalaban que había que remontarse a los '70, con la crisis del petróleo, para recordar un panorama semejante. El gobierno intentó explicar que los feriados por las celebraciones del jubileo de la reina habían influido en el enfriamiento de la economía, pero esto no resultó muy convincente. El movimiento se ha frenado considerablemente desde que la coalición de Cameron llegó al poder en 2010 y empezó, desde entonces, a ajustar y cortar por todas partes con el objetivo de reducir el déficit presupuestario. Los recortes afectaron especialmente la red de contención social que históricamente ayudó a Gran Bretaña (y los demás países europeos) no sólo a mantener en caja los índices de pobreza durante décadas, sino a evitar que la brecha entre ricos y pobres fuera aun más ancha y profunda de lo que ya era. Así las cosas, a puro ajuste, este país es el que peores números exhibe dentro del G8, aparte de Italia.La culpa, según el secretario de Economía de Cameron y autor del plan económico, George Osborne, es de Europa, por no crecer al ritmo del resto del mundo."No escucharemos los cantos de sirena que pretenden que dejemos la austeridad", insistió Osborne al ser consultado por el nuevo índice de la caída de la economía.En el otro extremo, la Trades Union Congress (TUC, equivalente a la CGT británica) prevé que el país se deslice hacia una depresión peor que la de los años '30 y reclama el fin de la austeridad y la aplicación de un plan de crecimiento.En el medio, están los que esperan que los Juegos Olímpicos ayuden a mejorar los números. Pobres británicos. Una encuesta reciente calculó que un cuarto de la población no llega a ganar suficiente para tener lo que hoy se considera necesario. Una aclaración, entre lo que se considera necesario se incluye un plasma, celular con cámara de fotos e Internet en casa (si hay niños en edad escolar). Por cierto, son estándares de pobreza muy diferentes a los nuestros. Pero se trata de pobres. Otro dato: hay cinco millones de personas que están esperando una vivienda social. Esto no implica necesariamente la construcción de un departamento, sino el alquiler de una vivienda con subsidio del Estado.Esta realidad explotó en agosto del año pasado, en plena aplicación del ajuste y cuando se empezó a ver claramente que la férrea y tradicional división de clases en Gran Bretaña condenaba a cada vez más gente a pobreza perpetua.Durante y después de esos incidentes en las zonas periféricas de Londres, los análisis que intentaban encontrar las raíces del problema en cuestiones sociales, económicas y raciales fueron acusados de apologistas de la violencia. David Cameron, el primer ministro conservador, manifestó entonces que la causa de todo eran los escasos valores morales de los involucrados y habló de "chicos sin padres, escuelas sin disciplina y premios sin esfuerzo".Premios, según el canciller, son los subsidios estatales (generosos, hay que decirlo) que daban la oportunidad a todos de partir desde la misma base para el desarrollo personal, laboral y profesional. En esto, Cameron se habría inspirado en las teorías del cuestionado Charles Murray, un autodenominado científico social estadounidense cuyos argumentos rozan el racismo y que considera que los planes sociales son perjudiciales para la sociedad en su conjunto. Es la herencia del tatcherismo, un individualismo acérrimo para el que sólo el mérito propio es válido para salir adelante en la vida.