Una potencia que busca recuperar terreno
Rusia frena en la ONU –junto con China– sanciones concretas contra el régimen sirio; acusa a Occidente de intentar derrocar al régimen iraní; asegura que no renunciará a sus armas nucleares; anuncia que no permitirá que nadie se meta en sus asuntos… Pedro Luque.
A medida que se acerca la cita con las urnas, las advertencias, posiciones contrarias a las del resto del mundo y exaltaciones del patriotismo más básico suenan con más fuerza en los mensajes del Kremlin. Pero este endurecimiento del discurso no responde sólo a la proximidad de unas elecciones básicas para el equilibrio mundial.
Desde hace tiempo, Moscú busca recuperar el papel primordial que desempeñó en décadas pasadas y hace sentir su presión cuando sus intereses están en juego, aunque su visión choque con las demás.
Desde el comienzo de la rebelión siria, en marzo, más de cinco mil personas murieron según Naciones Unidas. La oposición siria habla de más de 8.500 muertos debido a la represión del régimen de Bachar al Assad. Pero en el Consejo de Seguridad de la ONU, Rusia y China usan su poder de veto para frenar una acción concreta.
“Tenemos que cambiar la actitud de los gobiernos ruso y chino”, dijo esta semana el gobierno de Estados Unidos. “No están del lado del pueblo sirio”, los acusaron. Pero la posición de Moscú y Beijing permanece inamovible.
Lo mismo ocurre con Irán, cada vez más aislado y presionado por la comunidad internacional debido a su polémico programa nuclear.El Kremlin acusa a Occidente de intentar derrocar al régimen iraní con la excusa de la lucha contra la proliferación de armas de destrucción masiva. Afirma que quieren para Ahmadinejad el mismo violento final que el de Saddam Hussein.
Para dejar clara su posición, Moscú manifestó el viernes que sólo renunciará a las armas nucleares cuando disponga de armamento similar, “ni un día antes”, al tiempo que abogó por mantener la paridad nuclear global.
Con la vuelta de Vladimir Putin a la presidencia, como anuncian todos los sondeos, los rusos se asegurarán seis años más de advertencias y posiciones encontradas con Occidente. El país más extenso del mundo reclama su lugar.

