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El peor de los espantos

Un solo hombre pudo de­satar un huracán de locura capaz de arrasar con la vida de otros hombres como la más furiosa de las tempestades. Alejandro Mareco.

26 de julio de 2011 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
El peor de los espantos

Un solo hombre pudo de­satar un huracán de locura capaz de arrasar con la vida de otros hombres como la más furiosa de las tempestades. Sucedió en Noruega: una de las sociedades más realizadas, generosa con sus hijos y con los demás. Quizá el hombre de la masacre es parte de la generación que ve asomar sombras sobre el cielo límpido que pintaron sus antepasados; quizá es uno de esos que culpan de sus fantasmas a los inmigrantes que, a su vez, provienen de pueblos saqueados por siglos para la opulencia de otros. Pero sabemos que un hombre no es uno solo sino muchos y, a veces, de algún paradójico y doloroso modo, un poco todos. Son los muertos, su indefensión, el estremecimiento que nos sobrecogió la condición humana. Y el espanto inagotable, es la locura.Por conservar privilegios o por aumentarlos, por ambición o voracidad; con excusas de ideología, religión, raza y hasta con pretextos de amor. La cuestión es que hemos matado millones y millones, y seguimos matando: pueblos originarios, negros africanos, musulmanes, cristianos, europeos...La locura de un solo hombre es la locura de los hombres. Y no sólo se trata de la razón extraviada, sino de los sentimientos perdidos, de los buenos sentimientos que no pueden contener a los más oscuros.Ese es el peor espanto de ser humano.