El pasado aflora en el futuro de Perú
Tal vez ese “fantasma” que agitan sus detractores sea el sello que encaramó a Humala como favorito, frente a los defensores de un modelo que no incluye a todos. Marcelo Taborda.
El Nobel de Literatura peruano, Mario Vargas Llosa, acaba de afirmar que un eventual balotaje entre el candidato nacionalista Ollanta Humala y la congresista y también aspirante a la presidencia Keiko Fujimori sería como someter a los peruanos a una elección entre el cáncer y el sida. La poco feliz metáfora encierra además un desdén hacia la voluntad popular que podría expresarse de ese modo el próximo domingo. Pero la comparación de Vargas Llosa tiene un antecedente en el comentario hecho hace casi cinco años por el pe-riodista, escritor y presentador Jaime Bayly, quien tras la primera vuelta de 2006 (con el propio Humala en primer lugar y el actual presidente Alan García segundo), dijo que ante ese balotaje sentía como si le hubieran entregado una pistola y sólo le quedara la opción de decidir en qué testículo se disparaba el tiro. El mismo Bayly, desde Miami, anunció ahora que votará por la hija de Alberto Fujimori, el ex presidente preso por crímenes de lesa humanidad y corrupción en la década que ejerció el poder casi a su antojo.Este domingo, casi 20 millones de peruanos están llamados a elegir a un nuevo presidente que gobernará ese país por cinco años a partir del próximo 28 de julio, aunque todas las encuestas vaticinan que la definición del sucesor de García recién se producirá el 5 de junio, tras una segunda vuelta que hoy creen inevitable.Entre Humala, Fujimori y el ex presidente Alejandro Toledo se libra una puja por electores aún indecisos ante una campaña en la que afloró el pasado de cada contendiente. A estos tres candidatos se suman, un poco más atrás, el economista y ex primer ministro de Toledo Pedro Pablo Kuczynski y el ex alcalde de Lima Luis Castañeda.Los cinco mantuvieron el domingo un debate televisivo en el que repitieron eslóganes y cruzaron chicanas derivadas de la hoja de vida de cada uno. Inhabilitado constitucionalmente para aspirar a otro mandato consecutivo, un hábil orador como Alan García ironizó sobre la lectura allí de preguntas y respuestas.Lo cierto es que ninguno de los candidatos pudo alardear de un currículum inmaculado, sea por culpas propias o por acciones derivadas de su entorno más cercano. Keiko dijo sentir orgullo de ser la hija de Alberto Fujimori y Susana Higuchi, pareja cuya ruptura en el poder se pareció al mediático divorcio entre Carlos Menem y Zulema Yoma. Y ayer los medios evocaron el 19º aniversario del autogolpe con que Fujimori cerró el Congreso y abrió un período signado por ilegalidades, entre ellas la enrevesada interpretación de la nueva Carta Magna que él mismo impuso y con la que buscó una re-reelección que terminaría con el ingeniero agrónomo refugiado en Japón y enviando su renuncia por correo.Además de prometer mantener el modelo como casi todos, Keiko propone implantar la pena de muerte "para violadores de menores de 7 años" y evoca las victorias de su padre frente a Sendero Luminoso o el Movimiento Revolucionario Tupac Amaru (MRTA). En un par de semanas se cumplirán 14 años de la Operación Chavín de Huántar, en la que Fujimori, al entrar a sangre y fuego en la Embajada japonesa tomada por un comando emerretista, marcó su estilo.Allí emergió la figura del arzobispo de Lima, Juan Luis Cipriani un "papable" representante del Opus Dei de controvertido papel la mediación de una crisis que acabó de modo sangriento. Con Cipriani se han reunido en estos días casi todos los candidatos del domingo, pero la foto que más llamó la atención fue la de un Humala sosteniendo un gran rosario.A Humala lo acusan de ser un lobo con piel de cordero y de disimular su programa de gobierno con promesas de apego a un modelo económico que piensa cambiar. En realidad, como ocurriera hace cinco años en el balotaje que perdió ante García, los rivales de Humala lo presentan como el representante de Hugo Chávez en Perú y le endilgan que, aunque haya reemplazado sus camisas rojas por otras blancas, sus ideas de estatización no han mutado.Tal vez ese "fantasma" que pretenden agitar sus detractores sea el sello diferenciador que encaramó a Humala como favorito frente al resto de los aspirantes, defensores de un modelo que no incluye a todos.Quizá por ello Toledo eligió desempolvar el expediente de "Madre Mía", por el que se le imputan a Humala, entonces "Capitán Carlos", violaciones a los derechos humanos en la zona del Alto Huallaga en los '90.Claro que la credibilidad y la esperanza que despierta Toledo están viciadas por lo que fueron sus años de gobierno, a comienzos de este milenio. El ex presidente asumió como un "cholo" más entre los vestigios incas de Machu Picchu y se fue con la imagen de tecnócrata salido de Stanford y la popularidad por el piso por recetas que agravaron las brechas sociales, que también salpican a Kuczynski.Curiosidades de este Perú con ocho por ciento de crecimiento y más de 40 mil millones de dólares en reservas donde el oficialista Partido Aprista no presenta candidato porque no mide en los sondeos. Si las encuestas no mienten, Humala ganará el derecho a su segundo balotaje frente a Fujimori o Toledo. Pero el nacionalista es el primero en desconfiar de quienes hace siete días lo tenían cuarto.

