Para Iñaki, los Reyes Magos son los suegros
Ayer, en una entrevista gentil de su coetáneo Jesús Hermida, el rey citó entre sus preocupaciones la falta de trabajo para los españoles y el auge de políticas rupturistas, en obvia alusión al soberanismo catalán. Marcelo Taborda.
De no haber sido porque hoy es su cumpleaños y además, en los inocentes corazones infantiles de media humanidad esta noche se alimentará la ilusión sobre el generoso paso de otros reyes, este espacio debió ocuparse con los capítulos más desopilantes de la semana, que escribió el actor y "exiliado fiscal" francés, Gérard Depardieu. Basta con repasar sus encendidos elogios al presidente de Rusia, Vladimir Putin, contrapuestos a las críticas a François Hollande, el mandatario galo que propuso elevar hasta un 75 por ciento los impuestos a los sectores más ricos. Renegando de Francia y cantando loas a Rusia, Depardieu anticipó su intención de mudarse a este país y recordó que su propio padre había sido comunista (sic). ¿Qué diría Monsieur Depardieu de un hijo que se fuga para no cumplir con el fisco, en tiempos de crisis y con un gobierno socialista en el Elíseo? Pero hoy, nobleza obliga, se impone evocar a quien nació el 5 de enero de 1938 en Roma: el rey Juan Carlos I de Borbón, desde hace 37 años monarca de España. Juanito, proclamado el 22 de noviembre de 1975, tras la muerte de Francisco Franco, tuvo sus momentos de gloria, como cuando entre el 23 y el 24-F de 1981 su figura fue determinante para abortar el golpe contra la democracia puesto en marcha por militares y guardias civiles. Por entonces pareció encarnar de modo cabal su rol de jefe de Estado y la calidad de símbolo de unidad nacional que se adosó a su figura.Pero no soplan buenos vientos sobre el Palacio de la Zarzuela, donde Juan se mudó hace 50 años tras casarse en Atenas con Sofía de Grecia, el 14 de mayo de 1962. Ayer, en una entrevista gentil de su coetáneo Jesús Hermida, el rey citó entre sus preocupaciones la falta de trabajo para los españoles y el auge de políticas rupturistas, en obvia alusión al soberanismo catalán. También indicó como mayor frustración el haber aguantado tantos años la violencia de ETA. Pero no se habló en la anticipada evocación del cumpleaños 75 del rey, de su viaje en plena crisis a cazar elefantes a Botsuana y de su cadera rota que destapó el safari y derivó en una serie de traspiés no sólo en sentido figurado. Tampoco hubo preguntas ni respuestas sobre desavenencias puertas adentro de palacio, ni sobre las frustrantes experiencias maritales de sus hijas, las infantas: Elena divorciada de Jaime de Marichalar, y Cristina, esposa de Iñaki Urdangarín, salpicado por la trama de corrupción del Instituto Noós, en el que el duque sacó partido del parentesco real.En monarquías actuales, los reyes carecen de magia. Aunque algunos siguen teniendo coronita.

