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Papandreu enfrenta el reto de demoler la obra de su padre

El descontento social y el de su partido acorralan al primer ministro griego, presionado por la UE. El mandatario debe desmantelar el Estado clientelar que fundó su progenitor.

30 de septiembre de 2011 a las 12:01 a. m.
Luis Doncel (El País, de Madrid)
Papandreu enfrenta el reto de demoler la obra de su padre

Atenas. Era una imagen habitual. El primer ministro llegaba a un pequeño restaurante familiar del norte de Atenas y, antes de comer, siempre pescado, saludaba uno a uno a los clientes. A veces alguien se le acercaba. Charlaban y Yorgos Papandreu se quedaba tranquilo, acompañado de su mujer o amigos. Pero el líder griego no ha pasado por el restaurante en los últimos meses. Cuenta un habitual del local que la última vez que lo vio llegaba directo de Bruselas, tras una tensa negociación con la Unión Europea (UE). Fue durante esos días de julio en los que el gobierno se vio obligado a aprobar un duro plan de ajuste que incendió las calles de la capital y dejó unos 500 heridos."Se lo veía cansado y ya no saludó a nadie. Incluso alguien se le acercó para reprocharle algo de una forma un tanto violenta", recuerda el comensal. Desde entonces, los clientes tienen que conformarse con encontrarse, de vez en cuando, con sus escoltas, que compran comida para llevar.No es extraño que Papandreu rehuya ahora los lugares públicos. Su popularidad hace un año, después de que Grecia pidiera a la UE y al Fondo Monetario Internacional (FMI) un préstamo de 110 mil millones de euros, era aún bastante alta, por encima del 50 por ciento.Pero las cosas cambiaron. La población, cansada de recortes, está al borde del estallido social. Cuando no hay una manifestación, los sindicatos convocaron huelga; y la mayor parte del tiempo conviven ambas. Toda la oposición pide su cabeza, y su partido se desangra ante unas perspectivas electorales nefastas. Sólo le queda una esperanza: esquivar el desastre. Entre clásicos. Papandreu recurrió a la cultura clásica al anunciar el pedido de rescate a Europa. "Avanzamos por un camino difícil, una nueva odisea para Grecia, pero conocemos la ruta hacia Itaca", dijo el 23 de abril de 2010. Ahora, podría apelar a la mitología para contar su propia historia, porque hay algo de Edipo en la necesidad de acabar con el Estado hipertrofiado que su padre creó cuando dirigió el país en los '80. La idea de que todo el mundo, sobre todo los amigos, puede obtener un puesto en la administración pública es uno de los orígenes de esta tragedia griega."Estamos ante toda una generación que tiene que aniquilar el legado del gigantesco y completamente ineficiente aparato estatal, basado desde sus inicios en relaciones clientelares. Andreas Papandreu destaca como el más irresponsable de una lista de políticos irresponsables del sur de Europa", señala Nikos Konstantaras, director del diario Kathimerini .Yorgos, el primero de cinco hijos, nació hace 59 años en Minnesota, Estados Unidos, donde su padre, forzado por el exilio, daba clases de economía. Llegó a Grecia a los 8 años, pero tras la ocupación del poder por los militares se tuvo que mudar a Suecia y Canadá.Estas forzadas salidas y la influencia de su madre, la estadounidense Margaret Chant, generaron los problemas de Papandreu con la lengua griega.Volvió a Grecia tras la restauración de la democracia en 1974 y participó como ministro en gobiernos presididos por su padre.Pero el momento de la verdad llegó en 2009, cuando ganó las elecciones con casi el 44 por ciento de los votos y una amplia mayoría absoluta. El hijo y nieto de primeros ministros cumplía así su destino."Yorgos se valió de la 'marca Papandreu' para escalar hasta la cima del poder del Pasok (Partido Socialista). Ahí logró el apoyo del sector más populista, aunque en el fondo lo despreciara", resume el ex ministro Manikas. Sucesivos reveses. Desde entonces, sólo ha encontrado disgustos debajo de las alfombras del poder ateniense. Primero fueron las revelaciones de que el anterior gobierno del conservador Kostas Karamanlis, en el poder desde 2004, había mentido de forma sistemática sobre los datos que enviaba a Bruselas. El déficit de ese año no equivalía al 3,7 por ciento del PIB como había sostenido el Ejecutivo anterior, sino al 15,4 por ciento.Luego llegó el rescate de mayo de 2010, los sucesivos recortes, la indignación popular, la caída en las encuestas y la crisis del Pasok, preocupado por la perspectiva de convertirse en un enano político.Entre tantos motivos de indignación, el que quizá más enardece a los griegos es la evidencia de que, tras más de un año de esfuerzos, el país está en una situación económica peor que cuando la UE y el FMI accedieron a darle una mano."Papandreu nos dijo que íbamos a recibir el préstamo más grande de la historia, pero nunca podremos pagarlo. Ahora corta la electricidad a desempleados, enfermos y ancianos", sintetiza Stathis Stavropoulos, columnista del periódico Eleftherotypia .En el último año y medio, las decisiones importantes que afectan al país se tomaron más en Bruselas y Berlín que en la propia Atenas.Ahora, el hombre que una vez dijo que quería convertir a Grecia en la Dinamarca del sur se enfrenta a un reto mucho mayor que el que nunca pudo prever: lograr que su país no cumpla la profecía que lo ubica fuera del euro y evitar así un terremoto de consecuencias imprevisibles.

Un guiño alemán

Se infla el rescate. El Parlamento de Alemania aprobó ayer la ampliación del fondo de rescate financiero europeo, en una clara señal de apoyo al euro. La reforma del Fondo Europeo de Estabilización Financiera (FEEF) eleva casi al doble el monto de la contribución alemana para los países en crisis. Tras esta votación, las bolsas europeas, con excepción de la de Londres, volvieron a la senda alcista.