¿Otra vez el Líbano?
Entre 1975 y 1990, el país sufrió una guerra civil en la que estuvieron involucrados Siria, Israel y la OLP. Hoy, vuelve a ser escenario de enfrentamientos. Alejandra Conti.
Décadas atrás, el Líbano era sinónimo de guerra interminable, como Vietnam, o como actualmente Afganistán e Irak. La razón fue el terrible enfrentamiento civil que se desarrolló allí entre 1975 y 1990. Se trató de una guerra fratricida y multipartidaria, en la que Siria, Israel y la Organización para la Liberación de Palestina estuvieron involucradas. Hoy, ese pequeñísimo país vuelve a ser escenario de conflicto por la aparente extensión a su territorio de la guerra civil en Siria, el país que lo dominó durante décadas y que sigue influyendo en su política.Siria siempre consideró al Líbano como integrante de su territorio; de hecho, ambos formaron parte del Imperio Otomano. Desde 1975 y durante 30 años, Líbano vivió directamente bajo el dominio de Damasco. Esto terminó en 2005, al menos formalmente, cuando se retiraron los 15 mil efectivos de las fuerzas armadas sirias que aún quedaban en el país. Sin embargo, la presencia política se mantuvo, especialmente a través de Hizbollah. Esta agrupación islámica chiíta, en parte ONG asistencialista, partido político y milicia armada, es financiada por Siria e Irán y controla buena parte del sur del país, desde donde años atrás bombardeaba a Israel, que ocupaba una llamada "zona de seguridad". A su vez, esto daba argumento a los israelíes para atacar el sur del Líbano y justificar la ocupación de ese sector, que se extendió hasta el año 2000. Hizbollah estuvo implicada en el asesinato del primer ministro Rafik Hariri, en 2005. El hecho de que el grupo se negara a cooperar con las investigaciones llevadas adelante por la ONU hace más sólidas las sospechas. En el plano político, ocupa 16 escaños en el Parlamento, como parte de la coalición 8 de Marzo, que tiene 30 sobre un total de 128.Paradójicamente, Hiz-bollah ha sido hasta ahora el garante de que no se inicie otra guerra interna. Lo que sucede es que ninguna otra facción está en condiciones de superarlo militarmente, y eso oficia de efecto disuasivo. Divididos. La cuestión religiosa es fundamental en el Líbano y aporta más complejidad al panorama. La población y la política se dividen entre cuatro religiones principales y múltiples ramas: cristianos maronitas, musulmanes sunitas (mayoritarios entre la población islámica), musulmanes chiítas (minoritarios) y drusos. Los drusos, una religión derivada del Islam, es el cuarto gran grupo religioso y agrupa a unos 300 mil habitantes.El presidente tiene que ser cristiano maronita; el primer ministro, sunita, y el presidente del Congreso, chiíta. Esto es así por un acuerdo basado en las proporciones poblacionales del censo de 1932, cuando los cristianos eran mayoría. A pesar del tiempo que ha pasado y los cambios demográficos producidos, el acuerdo no se modificó, a pesar de que actualmente, y contando a los drusos, casi el 60 por ciento de la población es musulmana. Lo que tampoco cambió es que hay milicias armadas de todas las religiones y signos políticos, algunas más activas que otras. No se puede dejar de mencionar que la cantidad de refugiados palestinos y sus descendientes constituye el 10 por ciento del total de la población libanesa (que es de 4,2 millones de habitantes). La mayoría vive en campos de refugiados, en condiciones de pobreza y prácticamente sin derechos legales, como parias. Esta situación tan injusta e irritante es utilizada para mantener vigente el conflicto con Israel. El regreso de todos los refugiados a la antigua Palestina, que hoy es el Estado judío, es un reclamo indeclinable de los árabes en las conversaciones de paz, pero es de imposible cumplimiento. Asimismo, los campos son caldo de cultivo de resentimiento y violencia, donde los punteros de las milicias palestinas reclutan a sus soldados. ¿Guerra ajena? El viernes pasado se luchaba en Trípoli, la segunda ciudad del país. Los choques se dieron al estilo norirlandés, entre dos barrios de esa ciudad, uno alauita (partidario de Al Assad) y otro sunita (contrario al presidente sirio). En este conflicto, los cristianos se dividen entre los que apoyan y los que repudian al régimen sirio.Al mismo tiempo, se producía una ola de secuestros a sirios opositores a Al Assad y fue detenido un ministro libanés aliado del presidente sirio, acusado de planear atentados.¿Es esto un efecto contagio o dominó del conflicto que ya lleva 17 meses contra el gobierno de Damasco, o es un episodio más de las guerras sectarias libanesas, fogoneadas desde el exterior? Hay elementos que señalan en ambas direcciones. La amenaza es real; tan real como la influencia siria y el peso de Hizbollah en la política libanesa.La inevitable caída de Al Assad tendrá un efecto devastador sobre la milicia islámica más poderosa del país. Lo que suceda después depende de cómo absorba ese impacto.

