Temas del día:

Una Odisea, pero sin la épica de Homero

Las megaoperaciones militares de las que ha sido testigo el mundo en los últimos años están llenas de contrasentidos y eufemismos que a veces suelen resultar exasperantes. Marcelo Taborda.

21 de marzo de 2011 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Una Odisea, pero sin la épica de Homero

Las megaoperaciones militares de las que ha sido testigo el mundo en los últimos años están llenas de contrasentidos y eufemismos que a veces suelen resultar exasperantes. Bombardeos masivos o invasiones lanzadas con base en pruebas falsas o a pesar del dictamen en contra de la mayoría de la comunidad internacional se bautizaron como "Justicia infinita", "Libertad duradera" o con alguna otra metáfora que los cerebros del ataque de turno usaron de rótulo con desparpajo.La resolución 1.973, que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas aprobó el jueves por 10 votos a favor y cinco abstenciones, dio legalidad a una intervención militar en Libia que fogonearon países como Francia y Gran Bretaña apenas estalló el primer foco de rebelión en la ciudad oriental de Bengazi.La fórmula ambigua de "adoptar las medidas necesarias" para proteger a la población civil de los bombardeos lanzados por tropas leales a Muamar Kadhafi contra sus opositores, con la que se autorizó el establecimiento de una "zona de exclusión aérea", abrió un abanico de opciones que pronto desataron críticas y encendieron reclamos.La idea de "ataques quirúrgicos" o "bombardeos de precisión" que ponen a salvo a la población civil, a la que en teoría se quiere preservar, ya ha sido refutada con decenas de muertes de inocentes desde la intervención en la desmembrada Yugoslavia en adelante. Decenas de "daños colaterales", registrados en Irak o repetidos hasta hoy sobre suelo de Afganistán o Pakistán hacen legítimo cuestionarse sobre segundas intenciones detrás de los objetivos declarados y permitidos.El secretario de la Liga Árabe, invitado especial a la reunión en el Palacio del Elíseo en la que se formalizó la orden de ataque del sábado, dijo ayer que la venia que su organismo dio a Occidente en el caso libio era para proteger civiles, no para lanzarles misiles. Rusia y China, que cambiaron su veto por una abstención que no frenó la acción militar, lamentaron en diferente tono la escalada y mostraron "sorpresa" por la rapidez con que se decantaron los hechos.A la distancia, nadie puede hacerse el distraído, menos aún cuando el propio jefe del Pentágono había advertido que imponer la zona de exclusión suponía ataques previos.Los días por venir, acaso permitan develar si la intervención aliada en Libia tenía más que ver con preservar la vida de inocentes, con forzar la caída de un régimen que hasta hace poco mantenía estrechos nexos con los principales mentores de la ofensiva o con garantizar el control de un petróleo en el nombre del cual se han disfrazado de heroicos y humanitarios muchos desmanes.Por lo pronto, hablar del "Amanecer de la Odisea" o viceversa parece como mínimo un menoscabo al Homero griego, que legó al mundo inigualables epopeyas.Independientemente de lo que sugiera la figura y el destino final de un Kadhafi, como antes ocurriera con Saddam Hussein, las implicancias de una intervención externa en un conflicto como el libio resultan aún impredecibles. Queda por ver el destino de unos rebeldes que lucen cada vez menos espontáneos.Mientras, la sensación de que los eufemismos habían cesado con la llegada de Obama al poder se desvanece.