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Obama acumula escándalos

Debió responder por espionaje a periodistas, manejo de información de un atentado y presión fiscal a la oposición. Alejandra Conti.

19 de mayo de 2013 a las 12:02 a. m.
Redacción La Voz
Obama acumula escándalos

En la semana que acaba de pasar se hizo inocultable que una serie de escándalos está afectando al gobierno de Barack Obama. Se trata de situaciones inaceptables, que asociaron el nombre del primer presidente negro de Estados Unidos con el de uno de sus más nefastos antecesores: Richard Nixon.

El primero de esos escándalos es el espionaje a periodistas de la agencia Associated Press, un emblema de la prensa estadounidense. Se intervinieron y registraron con orden judicial al menos 20 líneas de AP, incluso la del teléfono fijo de la sala de prensa del Congreso.

La seguridad nacional fue otra vez el argumento utilizado. Supuestamente se iba a filtrar información sensible sobre acciones de inteligencia antiterrorista del Pentágono en Yemen y el gobierno quería saber quién estaba dando esa información a la agencia. Supuestamente, el registro no incluyó las escuchas de las conversaciones, pero sí brindó un mapeo preciso del curso de la investigación que se realizaba.

Esto constituye un baldón en la gestión de Barack Obama, ya que la libertad de expresión y de prensa tiene carácter constitucional y está plasmada en la primera enmienda, vigente nada menos que desde 1791.

Vinculado con este podríamos incluir un subescándalo: la persecución del gobierno a los empleados públicos denunciantes de hechos de corrupción en el gobierno ( whistleblowers , en inglés). Entre ellos está el ya famoso Bradley Manning, quien filtró documentos diplomáticos. Manning está preso desde mayo de 2010 sin juicio hasta el momento. A pesar de que en noviembre del año pasado Obama promulgó una ley para proteger a estos denunciantes, el escándalo que involucra el espionaje a AP confirma que se persigue a quienes filtran información sobre desmanejos gubernamentales.

El segundo escándalo de la serie es el que se deriva del atentado contra el consulado estadounidense en Bengazi, Libia, el 11 de septiembre del año pasado. En ese hecho murieron cuatro norteamericanos, entre ellos el embajador en ese país africano, Chris Stevens.

La denuncia de la oposición indica que el gobierno intentó maquillar la realidad en las primeras comunicaciones sobre el ataque. En un primer momento, el gobierno no reconoció que se trató de un ataque terrorista y que no había protección suficiente para el embajador. Los documentos recopilados demostrarían que la Casa Blanca, el FBI, la CIA y el Departamento de Estado (cancillería) no se ponían de acuerdo sobre cómo presentar el tema ante la opinión pública.

Habría sido la CIA la que propuso omitir cualquier mención a Al Qaeda y a otros ataques producidos en la zona y, posteriormente, el Departamento de Estado apoyó esa propuesta. Lo que se dijo fue que se trató de un incidente derivado de una manifestación antinorteamericana.

El objetivo de la supuesta ocultación de información era no perjudicar la campaña para la reelección de Obama, ya que faltaban apenas dos meses para los comicios. También se intentó salvar a Hillary Clinton, entonces secretaria de Estado y potencial candidata presidencial en 2016.

Inspecciones extraordinarias. El tercero de los escándalos es la denuncia de que la Afip estadounidense ejerció presión fiscal discriminatoria y con objetivos políticos. El Internal Revenue Service (IRS) envió inspecciones extraordinarias a grupos vinculados al Tea Party (la extrema derecha del Partido Republicano).

Esto habría comenzado en 2010 y apuntaba a perseguir a fundaciones y organizaciones similares que, por su naturaleza legal, están libres de impuestos. Es decir, no tributan aunque se dedican abiertamente a la actividad política partidaria.

La denuncia motivó la investigación en el Congreso, que ya está en marcha.

Este es considerado el escándalo más peligroso, porque se trata del uso de una agencia pública contra un grupo político opositor. Y porque ese grupo opositor es extremadamente poderoso. No solamente puede bloquear el progreso de leyes clave en el Congreso, sino que hasta podría impulsar un impeachment (proceso a un alto funcionario).

¿Qué hizo Obama ante estas situaciones?. Respecto de lo de AP, respondió que no iba a pedir disculpas por preocuparse por la seguridad nacional, pero que le importa igualmente el libre flujo de información.

En una conferencia de prensa, se le preguntó si no pensaba que su situación era similar a la de Richard Nixon durante el Watergate. Respondió: “Sé que a los periodistas les encanta hacer esas comparaciones, pero yo les diría que repasen la historia completa”.

En el caso del IRS, dijo que no sabía nada y que repudia el actuar discriminador de la agencia fiscal. Asimismo, respaldó a su secretario de Justicia, Eric Holder, e intervino el IRS.

Con esto se hace más notorio que las proclamas que prometían diferenciarlo claramente de su predecesor, George W. Bush, están pendientes de ser cumplidas.

Queda claro también que no hay mucho espacio para más errores.