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La nueva clase media le dice basta a Putin

Convocados a través de las redes sociales, marchan contra el fraude en Rusia. Exigen que se anulen las últimas elecciones parlamentarias. Alejandra Conti.

11 de diciembre de 2011 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
La nueva clase media le dice basta a Putin

Mientras Europa se juega su futuro inmediato en una encrucijada que plantea dilemas similares a los que se enfrentaron tanto ante el Tratado de Roma como el de Maastricht, Rusia vive otro momento político crucial. Las manifestaciones de ayer coronaron una semana de inéditas protestas y fueron comparadas con las que se produjeron en tiempos de la Perestroika (reforma) de Mijail Gorbachov y la caída de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).En los últimos días, cientos de personas fueron detenidas en diferentes lugares del país en un renacer de la actividad política que algunos califican de "primavera rusa".Lo que reclaman los manifestantes, que fueron convocados a través de las redes sociales, es que se anulen por sospecha de fraude las últimas elecciones parlamentarias en las que el partido Rusia Unida, de Vladimir Putin, obtuvo la mayoría en la Duma. No la mayoría de dos tercios como en las elecciones previas, pero mayoría simple al fin, que sería el preludio de su regreso oficial al Kremlin tras las presidenciales de marzo próximo. Así, Putin sería por tercera vez presidente de Rusia.La gente está convencida de que hubo fraude y esa convicción se ve respaldada por el juicio de los observadores internacionales que habían indicado irregularidades en los comicios, sobre todo en el conteo de votos. También lo hicieron los partidos opositores, como el Comunista, y hasta corresponsales extranjeros, como Pilar Bonet, de El País , que presenció cómo un grupo de personas intentaba votar sin los documentos en regla.Hay una sola agencia rusa de monitoreo electoral considerada independiente, se llama Golos y está financiada por Estados Unidos y la UE. Tras los comicios, registró 5.300 denuncias de irregularidades, tras lo cual su sitio web fue hackeado y su director detenido varias horas por violación de la ley electoral. Volver, siempre. Vladimir Putin se recicló de su pertenencia a los servicios de inteligencia comunistas y llegó a presidente en mayo de 2000. Desde entonces nunca dejó el poder, y ya van 12 años. En 2008, como la Constitución impide un tercer mandato consecutivo, favoreció la elección de Dimitri Medvedev, un leal a toda prueba, y permaneció como primer ministro con la idea de volver. Esa idea que nunca ocultó empezó a corporizarse con las elecciones de hace una semana. Pero estas manifestaciones amenazan con aguarle la fiesta.Putin acusa a Estados Unidos de estar detrás de las protestas. Con un argumento propio de la Guerra Fría, asegura que los opositores son mercenarios comprados por dinero de Estados Unidos. Incluso acusó a Hillary Clinton de establecer el tono de ciertos activistas opositores. "Ella les dio una señal y empezaron a actuar", dijo Putin.Además, acusa a Europa y Estados Unidos de alentar rebeliones o movimientos reformistas en países como Ucrania, Georgia y Kirguistán. El plan de despliegue de misiles en Europa Oriental es considerado parte de la misma línea de pensamiento.Algunos observadores consideran que esto es mera retórica destinada al público interno. Otros, que la estrategia sí existe y es un intento de rodear a Rusia (lo que es decir a Putin) de un cordón sanitario que lo separe de Europa.Lo cierto es que las relaciones con Estados Unidos no son lo mismo con Barack Obama que con George W. Bush. La guerra contra el terrorismo que impuso el ex presidente estadounidense tras los atentados del 11-S sirvió para que otros mandatarios con ansias autoritarias, como Putin, justificaran no sólo la represión interna sino también la violencia contra grupos separatistas. La muerte de terroristas y rehenes en el teatro Dubrovka, en octubre de 2002 y en la escuela de Beslán, en septiembre de 2004, son algunos de los crímenes por los que Putin no respondió y posiblemente nunca lo hará. El gobierno de Bush y sus aliados europeos miraban para otro lado. Todo cabía bajo el paraguas de la guerra contra el terrorismo. El poder de la tele. La enorme influencia de la televisión estatal, la censura y el asesinato de periodistas críticos suman puntos en contra del actual primer ministro y quizá futuro presidente. El monopolio informativo fue evitado por la participación de la gente en las redes sociales. Una de las medidas que se cree tomaría Putin en su próxima gestión será, precisamente, restringir el acceso a Internet.Esto puede generar fuerte reacción en la naciente clase media, el flamante colchón entre los nuevos ricos y los definitivamente pobres que había quedado como estructura social tras la caída de la URSS.Esta clase media, nacida al calor de los precios del petróleo y los combustibles que Putin supo aprovechar, tiene un promedio de 30 años, buena educación, habla inglés y tiene acceso a la tecnología, a Internet y, por lo tanto, a la información. Si bien es una minoría, crece y es influyente. Está atenta a lo que hace en materia de política y economía, y a las denuncias de corrupción. Aquí radica el núcleo de la nueva oposición a Putin.Rusia también es parte de Europa. La defensa europea, unilateralmente o en conjunto con Estados Unidos en la Otan, tiene como objetivo y destinatario principal a este poderoso y poco confiable vecino. En momentos de extrema incertidumbre como los que atraviesa Europa, no es conveniente que Rusia se convierta en un problema más grave.