En el nombre del líder, una tribuna para su heredero
El acto, tan simbólico como masivo, había sido convocado en principio con motivo de la jura del cuarto mandato de quien llegó al Palacio de Miraflores el 2 de febrero de 1999.
El acto, tan simbólico como masivo, había sido convocado en principio con motivo de la jura del cuarto mandato de quien llegó al Palacio de Miraflores el 2 de febrero de 1999. Pero cuando se confirmó que Hugo Chávez no podría estar en Caracas para su nueva toma de posesión, la idea de un "juramento del pueblo" comenzó a tomar forma en filas del gobernante Partido Socialista Unido de Venezuela.La multitud reunida en torno a la sede del gobierno y la presencia de algunos jefes de Estado y cancilleres de la región demostraron la capacidad intacta de movilización del chavismo y el respaldo interno y la solidaridad externa para con el mandatario que desde hace un mes libra en La Habana acaso su batalla más difícil.Pero con el correr de las cerca de 10 horas que insumió la movilización y tras los discursos y mensajes de dignatarios extranjeros presentes, Maduro tomó la palabra para reafirmar una promesa de lealtad hacia su mentor. A esa jura de fidelidad la repitieron en algunos pasajes a coro todos los integrantes del gabinete, los flamantes gobernadores de 20 de los 23 estados del país y los parlamentarios reunidos, entre ellos, compartiendo la primera fila, el titular de la Asamblea Nacional, y "número 2" del PSUV, Diosdado Cabello.Esgrimiendo un ejemplar de la Constitución Bolivariana, vestido con un atuendo en el que predominaba el rojo de su fuerza política y con un timbre de voz e inflexiones que sonaban por momentos idénticas a las del presidente de la asunción diferida, Maduro habló a los suyos y a sus opositores. Más allá de ratificar a Chávez como el jefe del Gobierno, el vicepresidente cuya continuidad en el cargo avaló el miércoles el Tribunal Supremo de Justicia, advirtió sobre posibles intentos desestabilizadores de la derecha o los antichavistas más radicales.Su tono, sus inflexiones y las ovaciones que recogió eran propias de una toma de posesión.

