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No traicionar a su tropa ni espantar aliados

Humala pareció responder así a quienes antes lo caricaturizaban como el enviado del venezolano Hugo Chávez y, en los últimos dos meses, lo rotularon como mero émulo del brasileño Luiz Lula da Silva. Marcelo Taborda.

29 de julio de 2011 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
No traicionar a su tropa ni espantar aliados

Con 49 años, una corta y vertiginosa carrera política, y tras un intento fallido por llegar a la Casa de Pizarro en 2006, Ollanta Humala Tasso asumió la presidencia de Perú con la promesa de gobernar para todos y "sin calcos ni copias" de otros modelos. Humala pareció responder así a quienes antes lo caricaturizaban como el enviado del venezolano Hugo Chávez y, en los últimos dos meses, lo rotularon como mero émulo del brasileño Luiz Lula da Silva.Es cierto que Humala, en su estrategia por conquistar a un electorado de centro o mucho más conservador que la militancia que lo acompañó desde que fundó el Partido Nacionalista en 2005, no ahorró elogios a lo que fue la gestión del líder del Partido de los Trabajadores en el Planalto, y se desmarcó del presidente bolivariano, por quien cinco años atrás no disimulaba su admiración.Pero más allá de tácticas electorales, con su discurso de "paz y amor" y marketineros importados de Brasilia, Ollanta imitó a Lula al conformar un gabinete que tuvo la bendición de los mercados, al menos en lo que respecta al confirmado titular del Banco Central y la ubicación en carteras clave de personas que ya actuaron en los gobiernos de Alejandro Toledo y Alan García.Humala ya supo de lo que eran capaz los sectores de más poder económico de su país cuando al día siguiente de su victoria en el balotaje del 5 de junio pasado llevaron la Bolsa de Lima a una caída histórica.Además, el flamante presidente necesita contar con el partido Perú Posible de Toledo para conformar una mayoría en el fragmentado Congreso.Claro que en ese delicado equilibrio entre intereses contradictorios que comenzaron ayer a librar su propia pulseada, Humala no puede ignorar las urgencias de quienes fueron su principal base de sustento en las urnas. Ellos provienen en gran parte de ese tercio de habitantes del país que nunca se benefició de las tasas de crecimiento de más del siete por ciento anual.Para esos excluidos, que ni siquiera tienen agua potable y parecen relegados a un esquema del siglo 19, el verdadero milagro sería que los tenga en cuenta el Perú del siglo 21.El camino de Humala acaba de empezar. Su verdadero rumbo se verá andando.