Mientras se descifraba el mensaje de las urnas
La actitud de este pueblo desvirtuó los más oscuros presagios que se esbozaron al calor de una campaña con fuertes cruces. Marcelo Taborda.
La primera certeza que se tenía anoche, a la espera de que el Consejo Nacional Electoral diera a conocer el veredicto de las urnas, era la de que millones de venezolanos dieron un ejemplo de participación y de civismo para tratar de dirimir sus diferencias de la forma que prevé la democracia: mediante el voto (ver Gran triunfo de Chávez en Venezuela).
Al momento de intentarse esta aproximación a la realidad venezolana, lo que estaba claro era que el pueblo en su conjunto quiso ser artífice de su destino inmediato y asumió su protagonismo.
Unos mostraron su apoyo incondicional para con quien los une una empatía que comenzó hace casi 14 años y que, más allá de las denuncias y también chicanas acerca de un voto cautivo por presión o por miedo, conserva una base social que le tributa el haberles dado un espacio y una visibilidad que la vieja clase política venezolana nunca les había reconocido.
Otros salieron a hacer oír su voz con un voto de protesta por condiciones cotidianas que consideran inadmisibles y por recuperar un espacio que perdieron en buena parte por la torpeza de dirigentes propios.
Ayer dieron su aval a otros líderes que acertaron en su estrategia de concurrir unidos y priorizar un mensaje hacia toda la población en su discurso y no sólo a los sectores más acomodados de Caracas y el país.
Para quien ganó el derecho a permanecer los próximos seis años en el Palacio de Miraflores, los mensajes de unos y otros votantes, que madrugaron casi por igual para ejercer su derecho y ser parte de la historia, no pueden ser ignorados.
Otra cuestión inexorable es que los llamados a la calma, tanto del presidente Hugo Chávez como del abanderado de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), Henrique Capriles Radonski, mostró una madurez encomiable y sirvió para frenar ansiedades y para respaldar la labor del CNE y de un sistema electoral que fue ponderado por propios y ajenos.
A la hora en que se escribían estas líneas, la actitud de este pueblo cordial había desvirtuado los más oscuros presagios que se esbozaron al calor de una campaña con fuertes cruces, en la que estaban en juego dos modelos evidentemente antagónicos, más allá de las apelaciones a la paz y amor o los descalificativos que con diferente estilo se cruzaron uno y otro los dos principales candidatos de entre seis que ayer se presentaron.
El día después de los venezolanos permitirá muchos más análisis, cuando los cómputos finales dejen ver con certeza el mensaje completo de las urnas que tanto Chávez como Capriles se comprometieron a respetar como sagrados y sabios durante la vigilia de ayer.
Pero también el día después impondrá la mesura del vencedor para aprovechar la demostración democrática de ayer, día en que la atención no sólo de los venezolanos o los latinoamericanos se centraba sobre este país.
Independientemente de cómo termine de escribirse la historia del 7-O en sus esperados números, hay lecciones para extraer y conductas para destacar en una sociedad que a menudo ha sido estigmatizada desde adentro y desde afuera de sus fronteras.
Tampoco significa que un día haya borrado diferencias que anteayer parecían irreconciliables y encaminadas a un enfrentamiento de proporciones.
Ni implica que los elogios al sistema electoral venezolano representen una convalidación de cada uno de los tópicos que la oposición denunció en la campaña como abusos del aparato estatal a favor del mandatario y candidato a la reelección.
Navidad anticipada. Al momento de iniciar estos últimos párrafos, el CNE despeja cualquier duda y anuncia que Hugo Rafael Chávez Frías ha sido reelegido con el 54,42 por ciento de los sufragios para presidir Venezuela por otros seis años, y en todos los cerros de Caracas de la zona oeste estallan fuegos artificiales como en una Navidad anticipada. Pero la importancia y claridad de una victoria indiscutida no invalida ninguna de las consideraciones previas.
En otras zonas de la capital y del país hay quienes no festejarán, pero también han sido parte de esta jornada singular y representan una porción insoslayable del país.
La diferencia con el abanderado de la MUD, Henrique Capriles Radonski, que logró el 44,97 de los sufragios, supera el 1,3 millón de votos, lo que también desnuda cuál o cuáles de las encuestadoras tenían datos ciertos y cuáles eran parte del juego proselitista.
Chávez seguirá en el gobierno de Venezuela y la noticia rebota ya en América y el mundo.

