México: cuando la noticia les cuesta la vida
Ya murieron 70 reporteros en los últimos 10 años. Cómo trabajan en medio de la guerra narco.
En toda la Segunda Guerra Mundial murieron 68 periodistas, 36 en la guerra de los Balcanes, y sólo en México, un país oficialmente en paz, más de 70 en la última década. La lista se cierra, por ahora, con el reciente asesinato de Marcos Antonio Ávila García, cuyo cuerpo fue encontrado anteayer cerca de la costa del Golfo de California. Había sido secuestrado un día antes. Ávila García es el último reportero caído en la guerra contra el narcotráfico, un combate largo, costoso y asimétrico. "No somos corresponsales de guerra. Ellos van, están unos meses y regresan a su casa. Nosotros vivimos en permanente zona de conflicto", apunta Marcela Turati, fundadora de la organización Periodistas a Pie.Lucy Sosa comenzó a cubrir la información sobre el crimen organizado en 2008. La primera noticia que tuvo que redactar fue el asesinato de Armando Rodríguez, el compañero que se ocupaba de la sección policial, el 13 de noviembre de ese año.Rodríguez llevaba meses ocupándose de la guerra que enfrentaba en Ciudad Juárez, en la frontera con Tejas, a los carteles de Sinaloa y los remanentes del de Juárez. El combate entre los dos grupos criminales había sumergido a Juárez en un baño de sangre sin precedentes. La ciudad era ya para entonces la más violenta de México y, probablemente, del mundo. Una fría mañana de un jueves, junto a su casa, cuando se disponía a llevar al colegio a su hija de ocho años en su modesto automóvil, el reportero recibió 10 balazos, la mayoría en el abdomen. El Diario de Juárez inició las averiguaciones del crimen en colaboración con las autoridades. El principal sospechoso del asesinato del periodista resultó ser un policía judicial del Estado de Chihuahua miembro de La Línea, el grupo de agentes al servicio del cartel de Juárez, y su pecado fue investigar los vínculos de familiares de la procuradora (fiscal) general, Patricia González, y del narco. "El crimen organizado no es el único agresor, si bien es el más riesgoso, pero es el Estado el que permite y tolera que el periodista se convierta en un objetivo no solo para los criminales, sino para cualquiera que se sienta incomodado", señala Héctor Gordoa, reportero de investigación de UnoNoticias .Gordoa es un superviviente. Hace dos años estuvo cuatro días secuestrado junto con dos periodistas por hombres del Chapo. Los narcos pretendían chantajear a sus medios para que emitiesen videos a su favor que contrarrestasen informaciones que consideraban beneficiosas para sus rivales del cartel de los Zetas.La ola de violencia que recorre México, que ha causado desde 2007 más de 50.000 muertos, ha cambiado la forma de hacer periodismo. Muchas fuentes se secaron por miedo, se sacrificó la exclusividad y, en gran número de casos, las firmas. Publicar un video o levantar un teléfono puede costar vidas. "Dejamos de firmar la información de alto riesgo, salimos a cubrir los sucesos siempre acompañados y nos avisamos unos a otros entre los distintos medios para ir juntos a ver un cadáver", cuenta Sosa, que desde agosto no se dedica a la información policial. "Fui amenazada. Por eso me apartaron'" "Procuro no ir sola, y cuando lo hago informo constantemente sobre dónde estoy o alguien monitorea mi ubicación con un GPS. Nunca digo que soy periodista, y no transmito información desde el teléfono móvil", afirma Turati. Y añade: "Ahora, el miedo no es que tu artículo tenga un dato mal puesto. El miedo es que maten a alguien por tu culpa o que te maten a ti por lo que escribes". Pero ellos siguen en la línea del frente, a sabiendas de que son un objetivo y sientan cada muerte de un colega como propia. Dicen que el periodismo profesional se está muriendo, pero en México este viejo oficio está más vivo que nunca.

