Merkollande y la tormenta
Los desafíos para el nuevo "eje" son inmediatos. El rayo que sorprendió al avión del presidente francés parece apenas un flash en el temporal que desde hace meses se abate sobre la Eurozona. Marcelo Taborda.
En su discurso de toma de posesión, François Hollande repitió algunos de los latiguillos de la campaña con la que desalojó del poder a Nicolas Sarkozy. "En Europa nos esperan y nos miran", dijo el flamante presidente socialista, poco antes de apelar a "la solidaridad y el crecimiento" como recetas alternativas a los ajustes puros y duros impuestos a algunos países de la Eurozona.Casi al mismo tiempo, en Atenas fracasaba el último intento del presidente Karolos Papoulias para que los políticos se pusieran de acuerdo, esta vez en apoyar a un nuevo Ejecutivo de tecnócratas y sin sellos partidarios, que en cualquier caso no se hubiera correspondido con el mandato dado por las urnas el 6 de mayo.Aquel día, las fuerzas tradicionales griegas de Nueva Democracia y los socialistas del Pasok, que se alternaban en el poder los últimos años, recibieron un voto castigo porque los electores las asociaron con la crisis que azota al país. Los votantes posicionaron segunda a la Coalición de Izquierda Radical y ubicaron cuartos pero por primera vez con bancas en el Parlamento a los neonazis de Amanecer Dorado. ¿Adiós griego? Los resultados de hace 10 días deben ser tenidos en cuenta porque el fracaso de las negociaciones en Grecia determinó que habrá nuevas elecciones quizá en unos 30 días y, para esos comicios, la izquierda radical, que propone abandonar las recetas de austeridad, aparece como la mejor posicionada. Por eso el llamado a nuevas elecciones fue visto como un paso clave de Grecia hacia su salida de la Eurozona.A poco de asumir y nombrar a su premier, y con las noticias candentes en Atenas derribando bolsas y encendiendo nuevas alarmas, Hollande partió hacia Berlín.Si el flamante presidente galo fuera supersticioso o creyera en alguna suerte de designios superiores, tal vez haya quedado impresionado porque a su vuelo de bautismo como jefe de Estado lo interceptó un rayo. Pero, perseverante, el socialista sólo regresó a París para cambiar de avión y emprender otra vez viaje a la capital alemana. Allí lo esperaba, con apariencia imperturbable, una Merkel que había establecido con el hasta ayer inquilino del Elíseo un eje conservador y compacto al que analistas bautizaron como "Mercozy".Tras los primeros contactos de ayer, la pregunta es si podrá forjarse una relación de empatía similar entre Francia y Alemania, ahora que sus gobiernos tienen vertientes diferentes. Quienes apuestan por el ensamble "Merkollande" recuerdan el papel clave que cumplió en la gestación de la Unión Europea la cooperación entre François Mitterrand y Helmut Kohl.Lo concreto es que las buenas intenciones compartidas en rueda de prensa por los gobernantes de las locomotoras de Europa tienen pruebas de fuego para superar en lo inmediato. El rayo de ayer, apenas parece un flash en la tormenta de la Eurozona.

