Más allá de lo circunstancial
La elección de estas mujeres aviva la esperanza de que no sólo sean noticias nefastas las que lleguen desde las olvidadas naciones africanas o desde los más pobres países del Medio Oriente. Pedro Luque.
El mismo día en que el presidente de Bielorrusia, Aleksandr Lukashenko, considerado "el último dictador de Europa", aseguró que nunca le cederá el poder a una mujer, el Comité del Nobel de la Paz se pronunció a favor de que tres mujeres compartan el premio de este año, en un reconocimiento expreso al papel del sexo femenino en los procesos de paz, y en un guiño a los procesos de cambio político y social que se desataron este año en el mundo islámico. Corría el rumor de que el premio recaería este año sobre los blogueros de la Primavera Árabe. Los fundadores del Movimiento 6 de Abril en Egipto sonaban como favoritos. Pero concentrar el premio en sólo uno de los múltiples brazos de esta ola de revueltas islámicas habría sido un problema, ya que estos levantamientos corren en cada país con distintas suertes, al tiempo que algunos de ellos podrían tomar caminos que están fuera de los estándares de lo que se considera un Nobel.Por eso, el Comité resolvió la disyuntiva aplaudiendo el accionar de tres mujeres que lucharon por sus derechos y que, de una u otra forma, están vinculadas con las actuales revoluciones.Además, el Comité quiso evitar una polémica como la que generó en 2010 con la elección del activista chino Liu Xiaobo, o en 2009 con la distinción del presidente estadounidense Barack Obama.Esta vez, con la premiación de la yemení Tawakul Karman se buscó enviar una señal a los longevos mandatarios de Medio Oriente y África para que dejen de aferrarse al poder. Karman es la primera árabe que recibe la distinción, y se transforma ahora en símbolo de lo más aplaudible de la Primavera Árabe.Con la premiación de la presidenta liberiana Ellen Johnson Sirleaf y de la activista liberiana Leymah Gbowee se quiere enaltecer a un país que superó dos guerras civiles que dejaron más de 200 mil muertos, pero que hoy transita por los caminos de la democracia.A pesar de vivir en una frágil paz, Liberia es, para el Comité de Oslo, el ejemplo a seguir por las naciones que atraviesan revueltas y guerras civiles. Gbowee representa la lucha contra los caudillos más allá de las divisiones étnicas y religiosas. Sirleaf personifica la pacificación democrática. Al Comité no le importó que en su país se la acuse de comprar votos, o que este martes ella vaya por su reelección.Pero por sobre todo, y más allá de lo aleatorio de este premio, la elección de estas mujeres aviva la esperanza de que no sólo sean noticias nefastas las que lleguen desde las olvidadas naciones africanas o desde los más pobres países del Medio Oriente.

