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Más allá de Libia y la "primavera"

Cabría esperar una nueva era en latitudes signadas por violencia, colonialismo y guerras fogoneadas desde diversas capitales, pero, otra vez, se repiten circunstancias que agigantan viejos fantasmas. Marcelo Taborda.

09 de marzo de 2011 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Más allá de Libia y la "primavera"

Podría pensarse en el esperanzador amanecer de un nuevo tiempo de democratización y reivindicaciones de derechos en una parte del mundo que siempre contó más por su valor geoestratégico y su petróleo que por las legítimas aspiraciones de su gente. Cabría esperar una nueva era en latitudes signadas por violencia, colonialismo y guerras fogoneadas desde diversas capitales, pero, otra vez, se repiten circunstancias que agigantan viejos fantasmas. Algunos de esos espectros se dibujarán en algún espejo del Despacho Oval mientras Barack Hussein Obama (el de las promesas de otra relación con el mundo islámico y el que acaba de admitir en los hechos que no cumplirá su promesa de cerrar Guantánamo) analiza cada paso a dar en la crisis libia. Desde la suerte corrida por Jimmy Carter, salpicado por la revolución islámica de Irán y la crisis de los rehenes de la embajada, que abortaron su reelección, hasta los crímenes de su antecesor, George W. Bush, responsable de la invasión ilegal a Irak que potenció el sentimiento antiestadounidense en medio planeta, todo pesa.Y mientras su jefe mide palabras y afronta el embate de los republicanos más conservadores, ¿puede un vocero de la Casa Blanca admitir en rueda de prensa que su gobierno contempla que un "país amigo" como Arabia Saudita suministre armas a los rebeldes? La afirmación del portavoz presidencial respondió a un interrogante sobre un informe del diario británico The Independent , que dio por sentado que ese plan de asistencia indirecta a los opositores a Muamar Kadhafi ya ha sido instrumentado por Washington. Según el periódico, así evita mancharse las manos en un nuevo conflicto que nadie sabe cómo concluirá, pero del que está dispuesto a aceptar sólo un resultado: la caída del líder libio.El desparpajo con que el vocero Jay Carney avaló una injerencia de su país en la revuelta quedó más al desnudo cuando su par del Departamento de Estado, Philip Crowley, opinó que un apoyo de ese tenor sería "ilegal" por estar vigente el embargo de armas dispuesto por la ONU sobre el país africano.¿Error, torpeza o un giro más en las líneas de política exterior prometidas por Obama? El desliz ocurrió horas después de que prominentes figuras conservadoras sugirieran que Estados Unidos recurra a tácticas de la Guerra Fría, en especial la de dar soporte a los rivales de sus enemigos. Y aquí, los malos antecedentes acotan cualquier optimismo.A la presencia de mercenarios del África negra contratados por Kadhafi, que denuncian medios con enviados especiales en Libia, ¿se contrapondrá un nuevo "ejército rebelde", con pertrechos y "milicianos" preparados fronteras afuera?Un ejemplo del riesgo de "armar a los enemigos del enemigo" fue la instrucción con las oscuras técnicas de la CIA dada a los mujaidines que expulsaron a los soviéticos de Afganistán, lo que acabó por engendrar nuevos "monstruos" como Al Qaeda y su líder Osama bin Laden. Más allá de la "intervención indirecta" que ya estaría en curso, Estados Unidos y la Organización del Tratado del A-tlántico Norte (Otan) siguen apostando a establecer una zona de exclusión aérea que inutilice a la fuerza aérea, clave en las réplicas con que Kadhafi recuperó bastiones. Pero como admitió el jefe del Pentágono, Robert Gates, imponer la exclusión implica efectuar bombardeos que pueden sumar víctimas inocentes.Además, para tener legitimidad, una intervención de este tenor debería contar con el aval de la ONU, donde Rusia y China ya adelantaron que usarían su veto en el Consejo de Seguridad. Si no hay venia de la ONU, ¿seguirán Estados Unidos y la Otan su doctrina de unilateralismo con que sentaron funesta jurisprudencia en Irak?Aunque se alzan cada vez más voces para que Occidente tome cartas en el conflicto libio, no son pocos los que se cuestionan si la mentada zona de exclusión servirá a esta altura para proteger a los rebeldes y, más aún, a los civiles en medio del fuego cruzado, o para resguardar los pozos de donde sale el crudo que operan algunas de las compañías que hicieron jugosos negocios con el que ahora califican de "sátrapa", "sanguinario dictador" o "asesino".Mientras, la Corte Penal Internacional promete que los crímenes denunciados en Libia serán investigados y castigados. Ojalá se dé con los responsables. Ojalá que además pasen por ese tribunal alguna vez no sólo los autócratas caídos en desgracia, a los que Occidente les soltó la mano, sino que también se siente en el banquillo a quienes, por su poder, se autoeximen hoy de cualquier jurisdicción internacional.