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Lo que el tsunami tapó

El eje de atención informativa y las discusiones en los centros de poder se mudaron desde el norte de África o Medio Oriente hacia Japón. El Pacífico devastó un país y sumergió otras crisis. Marcelo Taborda.

16 de marzo de 2011 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Lo que el tsunami tapó

El fortísimo terremoto, seguido del devastador tsunami y la posterior amenaza de catástrofe nuclear aún latente, desplazaron no sólo el eje de atención informativa y las coberturas mediáticas desde el norte de África y Medio Oriente hacia Japón.También la preocupación y las discusiones de los gobiernos de las principales potencias del mundo, hasta el viernes enfocadas en buscar una respuesta consensuada a Muamar Kadhafi y a aventar el riesgo de mayor inestabilidad que la falta de petróleo libio y una probable oleada migratoria aparejarían a una Europa aún atribulada por la crisis y el desempleo, tuvieron que enfocarse en el extremo Oriente.Y mientras los líderes del Grupo de los Ocho mostraban fisuras a la hora de pasar de la condena a la acción directa en la virtual guerra civil libia, las noticias procedentes de Tokio o Sendai fueron reemplazando los motivos de debate desde Bruselas a Washington.Sobre los campos de batalla o las calles de los países del Magreb o del Golfo Pérsico, sin embargo, la acción nunca se detuvo en estos días en los que las miradas del mundo se centraron en otros dramas y en nuevas urgencias sociales y económicas.En Libia, por ejemplo, las tropas leales a Kadhafi impusieron su superioridad militar y recuperaron ciudades y puertos petroleros que habían caído en manos rebeldes, los que además fueron obligados a replegarse hacia Bengazi. De no mediar un vuelco en la ecuación de fuerzas, esta ciudad del este libio va camino a convertirse en el último bastión de los opositores, que esperan la ayuda externa de una "zona de exclusión" sobre la que no hay postura común en el Consejo de Seguridad.A pesar de la afirmación del secretario de la Liga Árabe, el egipcio Amro Musa, de que "no es demasiado tarde" para imponer un bloqueo aéreo que impida los bombardeos de Kadhafi a los rebeldes, la intervención militar que ella supone y que impulsan desde la Otan y Estados Unidos parece hoy más difusa que hace siete días. El mayor interrogante pasa por saber qué harán los países occidentales que ya expresaron con su pulgar hacia abajo su veredicto en favor de la caída de un Kadhafi que se revigorizó territorialmente, mientras las aguas del Pacífico arrasaban las costas del noreste japonés. ¿Y si Kadhafi gana la batalla?Pero las de Libia no fueron las únicas piezas de un tablero pateado que volvieron a moverse mientras estallaban los reactores de la tercera potencia mundial. En Bahrein, el jaqueado rey Hamad bin Isa al Jalifa, un aliado estratégico de Estados Unidos en la puerta del Golfo Pérsico, llamó a sus jerarcas vecinos para que le presten soldados con los que reprimir las protestas sociales que no cesan en las calles.Bahrein, cuya monarquía sunita que ha dado cobijo a la Quinta Flota de Estados Unidos es cuestionada de cuajo en su legitimidad por la mayoría chiíta del país, dio un paso más hacia la confrontación, a la misma hora en la que el mundo entero estaba en alerta por los escapes radiactivos nipones.Ayer, las protestas se repitieron con al menos dos muertos en la capital, Manama, pese a que el rey decretó el estado de emergencia, impuso la ley marcial y exhibió un puño de hierro ante el que Occidente no rasgó sus vestiduras. Acaso más preocupado por el impacto que la tragedia japonesa traerá a la economía global; acaso porque quien ejerce la fuerza esta vez es un aliado funcional contra "la amenaza iraní".