Las 65 velitas del calamar
El 27 de octubre de 2002, un ex tornero mecánico nacido cerca de Caetés, se convertía en el presidente más votado de la historia de Brasil. Marcelo Taborda.
El 27 de octubre de 2002, un ex tornero mecánico nacido cerca de Caetés, en un pequeño pueblo de Pernambuco, se convertía con un inédito 61 por ciento y 52,4 millones de sufragios en el presidente más votado de la historia de Brasil. En la mañana de ese mismo día, mientras recibía a allegados y periodistas en un desayuno en su casa de Sao Bernardo do Campo, el bastión donde tres décadas antes había surgido como dirigente sindical, ese hombre había soplado 57 velitas de una torta, mientras hacía público un deseo: que por primera vez un obrero llegara al Palacio del Planalto y la presidencia de su país-continente dejara de ser un privilegio exclusivo de las elites dominantes.A esa hora, con su victoria sobre el entonces candidato oficialista José Serra cantada en las encuestas, todos los medios de Brasil y el mundo repasaban sus humildísimos orígenes, como séptimo hijo con vida de la unión entre Arístides Inácio da Silva y Eurídice Ferreira de Melo, dos campesinos analfabetos a quienes la pobreza separó y empujó a buscar otro destino, bajando desde el nordeste olvidado hacia el industrializado litoral paulista.Ésta es parte de la biografía de Luiz Inácio "Lula" da Silva, el líder del Partido de los Trabajadores (PT) que después de perder tres comicios presidenciales coronaría esa misma noche su sueño.Los diarios del día después se detuvieron mil veces en aquel barbado dirigente gremial que empezó a trabajar a los 12 años, que fue lustrabotas, cadete en una tintorería o vendedor ambulante hasta ingresar a una metalúrgica, en el inicio de una carrera en la cual construyó su imagen y un accidente laboral le arrebató el dedo meñique de su mano izquierda.La precariedad que rodeó su infancia podría representarse en sus cuatro hermanos que murieron de forma prematura (en total fueron 12 hijos), en que recién conociera a su padre alcohólico cuando ya tenía 5 años, o en la decisión de su madre abandonada de cargar a sus ocho hijos sobrevivientes en un precario camión y lanzarse a torcer su suerte.Todo eso y mucho más habrá pasado por la cabeza de Lula, el apodo usado como diminutivo de Luiz y que designa a los pequeños calamares, que se convertiría en la marca más exitosa de Brasil."Yo, que tantas veces fui acusado de no tener un diploma universitario, gano mi primer diploma, el título de presidente de la República de mi país", dijo Lula a poco de recibir en Brasilia la banda que lució en estos ocho años. Y es que en octubre de 2006, en el balotaje frente a Geraldo Alckmin, Lula rompió su propio récord al cosechar más de 58 millones de votos.Su vida hecha película competirá por un Oscar en 2011. Y aunque este Lula, para muchos se parece poco al luchador social de otras décadas, el carisma del final de su gestión construye su mito."El líder más influyente del mundo en 2010" para Time . "Personalidad 2009" para Le Monde y El País . "Protagonista de la década", para Financial Times .Hoy, al soplar 65 velas, Lula quizá no disimule un deseo: pasar la banda a la primera mujer presidenta de Brasil, su candidata, antes de calzarse las ojotas. Otro anhelo, por ahora, quizá sea inconfesable; tiene que ver con su futuro en 2014.

