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La "libertad duradera" y otros eufemismos afganos

Mientras Hamid Karzai recibía dignatarios y se preparaba para la foto del respaldo internacional, misiles sobre el aeropuerto de Kabul recordaron que la seguridad de su país está aún distante. Marcelo Taborda.

21 de julio de 2010 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
La "libertad duradera" y otros eufemismos afganos

Los mensajes cargados de simbolismo se suceden con vértigo en el Afganistán ocupado hace ya casi una década por tropas internacionales comandadas por Estados Unidos.

Mientras el presidente afgano, Hamid Karzai, comenzaba a recibir dignatarios e imaginaba la foto del respaldo internacional a su cuestionada gestión, misiles lanzados contra el aeropuerto de la capital obligaban al avión que trasladaba al secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, a desviarse y aterrizar en una base militar norteamericana.

Los anuncios posteriores, derivados de lo acordado en la Conferencia Internacional, hablaron de un país que recuperaría su soberanía plena para el año 2014, lo que entre líneas implica un retraso en la retirada de tropas extranjeras que se había fijado para fines del año próximo. ¿Se habrá logrado para entonces la mentada seguridad en esta nación atomizada y desangrada por décadas de guerras con diferentes injerencias externas?

En las horas previas a la cumbre de 70 países celebrada ayer en Kabul, el número 2 de la red Al Qaeda, Ayman Al Zawahiri, envió un mensaje al presidente estadounidense, Barack Obama. El hombre por cuya cabeza Estados Unidos ofrece una recompensa de 25 millones de dólares replicó a un mensaje del jefe de la Casa Blanca, quien había aseverado que los talibanes no regresarán al poder en Afganistán.

Al Zawahiri advirtió que "el rebaño" de Obama "no regresará sano a Estados Unidos" y "saldrá de Kabul aterrorizado y con prisa".

Lo cierto es que mientras los líderes convocados a la cita de ayer hacían previsiones y fijaban plazos para las transferencias de poderes al gobierno afgano, la violencia seguía desangrando al país y costando vidas y mucho dinero a quienes mantienen soldados allí apostados.

Un informe divulgado ayer cifró en 1,15 billón de dólares los gastos de Estados Unidos en lo que George W. Bush inauguró tras el 11 de setiembre de 2001 y bautizó como la "guerra contra el terrorismo".

Claro que esa guerra del ex inquilino de la Casa Blanca fue concebida como interminable y con un teatro de operaciones a escala global, que en cualquier momento puede tener nuevos focos de conflicto. Pakistán, un vecino de fronteras permeables con los afganos, ya es parte del campo de batalla.

Antes de viajar a Kabul y en una visita de 48 horas a Islamabad, la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Rodham Clinton, reiteró una tesis sostenida hace tiempo en Washington: que Osama bin Laden y el mulá Omar están ocultos en algún paraje paquistaní. Ayer, el primer ministro de este país, Yusuf Razah Guilani, refutó a la jefa de la diplomacia estadounidense y le pidió pruebas concretas antes de lanzar imputaciones.

Pakistán es hoy un aliado estratégico clave de Washington, pero el volátil escenario de esa región puede alterar ese mapa de alianzas. Una prueba de esa volatilidad de status de amigo-enemigo, la ha dado en fecha reciente el propio Karzai, quien amenazó con aliarse con grupos filo-talibanes si Occidente le da la espalda.

No parece cercano el final de la ocupación ni el del conflicto en Afganistán, aunque ya suenen tambores de guerra en otras latitudes.

A los afganos hoy les prometen recuperar la soberanía; cuando la última invasión empezó, el 7 de octubre de 2001, alguien bautizó la operación con el eufemismo de "Libertad Duradera".