La guerra y la paz verbales
Al ganar la elección, Santos no renegó de su uribismo, pero el nuevo mandatario derechista parece dispuesto a dejar su propia huella. En cualquier caso, los anuncios de ayer imponen cautela. Marcelo Taborda.
La firma del "Acuerdo de Santa Marta" entre los presidentes de Colombia y Venezuela es, ante todo, una noticia auspiciosa para quienes apuestan por la paz y la integración de un continente que da sus primeros pero significativos pasos en ese sentido.El encuentro entre Juan Manuel Santos y Hugo Rafael Chávez, con la mediación del secretario general de la Unasur, Néstor Kirchner, a tan sólo tres días del traspaso de mando en Bogotá, parece haber silenciado los tambores de guerra y acallado la verborragia que se inflamaba a uno y otro lado de la frontera hasta hace apenas unas horas.¿Qué cambios sustanciales se produjeron desde la ruptura de relaciones anunciada el 22 de julio por Caracas, luego de que Bogotá presentara una denuncia ante la OEA? Que ya no está en la Casa de Nariño Álvaro Uribe, quien acusó al gobierno de Chávez de amparar a grupos armados no sólo ante Washington, sino también en la Corte Penal Internacional que funciona en La Haya.Pero así como la tensión regional abonada esta vez por Uribe y Chávez no parecía diferir de otras guerras verbales mantenidas en ocho años de mutuos recelos y acusaciones, "el borrón y cuenta nueva" o "el comenzar de cero", anunciados ayer por el presidente venezolano y su flamante colega de Colombia imponen cierta cautela.Y es que el Santos que ayer estrechó una y otra vez la diestra de Chávez es el mismo ex ministro de Defensa de Uribe al que el venezolano y su par de Ecuador, Rafael Correa, sindicaron en marzo de 2008 como uno de los responsables de la crisis regional que sobrevino al bombardeo y posterior incursión de tropas colombianas en suelo ecuatoriano, para dar muerte al número dos de las Farc, "Raúl Reyes", y otros 25 guerrilleros.En aquel entonces, el hombre que el 21 de junio pasado ganó en forma aplastante el balotaje presidencial colombiano, reivindicó esa suerte de "ataque preventivo" y sostuvo que "actuar con firmeza es perseguir a los terroristas estén donde estén y de todas las formas posibles".Desde aquella crisis, acentuada por el acuerdo por el que Bogotá cedió a Estados Unidos el uso de siete de sus bases militares, Venezuela y también Ecuador (donde un juez llegó a dictar captura en su contra), vieron a Santos como una "amenaza". Una caracterización que se acentuó en la campaña proselitista cuando Uribe fracasó en su intento de re-reelección y Santos quedó instaurado como su heredero.La noche de su contundente victoria sobre Antanas Mockus, Santos no renegó de su uribismo y dedicó el resultado al que calificó como el mejor presidente de Colombia de los últimos 100 años.Pero el nuevo mandatario derechista parece dispuesto a dejar su propia huella y marcar matices que lo distingan de su antecesor. La elección de María Ángela Holguín, ex embajadora en Caracas, como su canciller, pareció un intento por normalizar una relación con sus vecinos que no sólo importa por la seguridad de las fronteras comunes, sino por un intercambio comercial que en 2008 movió más de siete mil millones de dólares."La puerta del diálogo no está cerrada con llave", afirmó Santos al asumir, en alusión a las guerrillas y quizá por elevación al líder bolivariano. Éste le correspondió con un guiño instando a las Farc a liberar a todos los rehenes y a dejar las armas.Ayer, en la rueda de prensa conjunta, Chávez subrayó una y otra vez que nunca ha protegido o apoyado a los grupos insurgentes.Ambos hablaron del amor y no de la guerra. Pero en el lanzamiento de la "hoja de ruta" para fijar una nueva relación "duradera en el tiempo", podía percibirse mucho de puesta en escena."La unión no nos vendrá por prodigios divinos, sino por fruto de esfuerzos muy sensibles", dijo Santos que se anticipó a su colega en eso de parafrasear al libertador Simón Bolívar. La misma cita usó Chávez cuando le cedieron la palabra. Bolívar se los sentenció hace 180 años; los esfuerzos no serán pocos y recién comienzan.

