La fe mueve montañas y enrarece las campañas
José Serra, dijo ayer que la cuestión religiosa no ha sido banalizada ni es parte de su estrategia, sino que afloró de lleno en la campaña hacia el balotaje por interés de la gente. Marcelo Taborda.
El candidato del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), José Serra, dijo ayer que la cuestión religiosa no ha sido banalizada ni es parte de su estrategia, sino que afloró de lleno en la campaña hacia el balotaje por interés de la gente. La frase fue pronunciada por Serra, poco después de que éste apareciera en primera fila en el santuario nacional de Nuestra Señora de Aparecida junto a su mujer, la chilena Mónica Allende; su candidato a vicepresidente, Antonio Pedro de Siqueira Indio da Costa, y el gobernador electo de San Pablo, Geraldo Alckmin. A la esposa de Serra y su polémico vice es a quienes apuntan en el Partido de los Trabajadores (PT) como la ideóloga y el mentor de las campañas de demonización que brotaron en Internet contra la candidata oficialista, Dilma Rousseff, poco antes de la primera vuelta del 3 de octubre. En cadenas de mensajes de vidriosa procedencia se agitó el fantasma de una futura presidenta abortista, atea, anticristiana y dispuesta a erradicar el poder de las iglesias Católica y Evangélica, que cuentan en Brasil con millones de fieles.Convencido de que el "factor religioso" fue clave para que Dilma no lograra la mayoría absoluta en primer turno, Serra volvió sobre el tema el domingo, en el primer debate de cara al balotaje. Y ayer, tras una mediática comparecencia en el templo mayor de la patrona del Brasil, el candidato del PSDB volvió a disparar contra su rival del día 31 con una ironía. "Yo no quiero retirar al Cristo Redentor de Río", afirmó Serra, abonando acusaciones nunca comprobadas de que un futuro gobierno del PT quitaría imágenes religiosas de edificios públicos.Rousseff eligió el feriado religioso para una caminata proselitista por Brasilia. Claro que la candidata que Luiz Inácio Lula da Silva escogió para sucederlo desde el 1° de enero tampoco estuvo ajena a la fecha y acudió a la Basílica de Aparecida el lunes. Recuerdo privatizador. Con perfil más bajo, Dilma dijo al salir del templo que su presencia tenía que ver con una dificultad personal reciente, lo que todos interpretaron como una alusión al linfoma del que fue tratada con éxito. Pero mientras Rousseff difundía ayer un mensaje radial en el que abogaba por la unión de las familias y resaltaba el simbolismo del día, el titular del PT, José Dutra, fustigó a la oposición por la "manipulación política" de la fe. "Es inadmisible que en el Brasil del siglo 21, la elección presidencial esté pautada por temas que deberían haber sido tratados en la Edad Media".A la ofensiva religiosa del PSDB, el PT replica con una revisión del opaco final del último presidente de ese partido, Fernando Henrique Cardoso, al que achaca un fallido intento privatizador de Petrobras que Serra intentaría consumar –dicen– si llega al gobierno en 2011. La petrolera, con los recientes descubrimientos de yacimientos en el Pre-Sal, es una de las bases que el actual gobierno esgrime para sus promesas de desarrollo futuro.Entre ruegos y golpes bajos, la campaña al balotaje promete más virulencia, con los estrategas de cada partido más preocupados por restarle votos al contrincante que por sumar los propios. Y si de estrategias se trata, en el PT aún dosifican las intervenciones de Lula, quien lanzó un claro mensaje interno a la militancia: "No podemos quedarnos en casa, guardar las banderas... No podemos creer que la elección está ganada antes de la votación".Mientras, Marina Silva, por cuyos casi 20 millones de votos se desvelan Dilma y Serra, por ahora se siente desilusionada por ambos.

