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La cara es de Dilma, pero el candidato es Lula

Para el columnista de Folha, la victoria de la candidata del PT, que cree en la práctica irreversible, mantendrá la política de Brasil hacia la Argentina.

13 de septiembre de 2010 a las 02:22 p. m.
Redacción La Voz
La cara es de Dilma, pero el candidato es Lula

"Hoy las banderas son todas pagadas; las manos que las sostienen lo hacen por un precio", se lamenta al analizar una campaña que define como "aburrida" este periodista con más de 40 años de trayectoria, coberturas que lo llevaron a los cinco continentes y con un prestigio que traspuso las fronteras de su Brasil natal. Clóvis Rossi, columnista y miembro del Consejo Editorial del diario Folha de Sao Paulo , recibió en su casa del barrio paulista de Mirandópolis a La Voz del Interior y dejó su visión sobre las elecciones de octubre y el futuro inmediato que le augura a Brasil y a los emprendimientos de integración regional. –Usted vaticinó hace meses que Dilma será la próxima presidenta, ¿qué le hace ver tan claro el resultado? –Primero, la transferencia de votos de Lula para ella y eso se da por lo que yo he llamado en mis columnas como el factor " feel good ", el factor sentirse bien. La gente, o la mayoría de ella se siente mejor hoy que hace ocho años, cuando comenzó el gobierno de Lula y, por ende, siente el deseo de dar continuidad a este gobierno. Lula consiguió hacer creer a la gente que Dilma es la perfecta continuación de su gobierno y, como la gente se siente bien, entonces prima un espíritu de continuidad. A (José) Serra se le da una perversa situación de que, cuando primaba un espíritu de cambio, él era el candidato de la continuidad; y ahora que prima el espíritu de la continuidad, él es el candidato del cambio… –¿Quién es Dilma? ¿Está más cerca de la foja inmaculada oficial o de la historia de inexperiencia, pasado violento y carácter desapacible que agita la oposición? –Como candidata, no es Dilma es Lula. La cara es de Dilma pero, de hecho, el candidato es Lula porque ella jamás podía llegar donde llegó si no fuera por él. Ella es virgen en experiencias electorales, ni siquiera se candidateó para concejal… Como administradora, da la sensación de que es una gerente más o menos competente y dedicada, en especial en algunas áreas que siempre manejó más, como la energética. Como pasado, está claro que estuvo involucrada en la lucha contra la dictadura y ahí el juicio depende de cada uno. Para quienes están en contra de la lucha armada es una suerte de leyenda negra. Para los que creen que contra la dictadura vale todo, incluso la lucha armada, fue una persona que hizo una elección que se justificaba plenamente. Y como ministra tuvo un desempeño bastante razonable en el gobierno. Pero a mi juicio, va a ser probada de hecho en la presidencia, lo que es temerario. Un poco como poner a Maradona sin ninguna experiencia previa como técnico del seleccionado argentino… –Si el "mensalao" que tumbó a parte del PT y del gobierno en 2006 no hubiera convertido a Dilma en jefa de Gabinete, ¿habría sido ella u otro el bendecido por Lula? –Es difícil decirlo, pero creo que Lula no iba querer tener a un tipo ambicioso como José Dirceu muy cerca de él durante mucho tiempo. Lula es como todos los caudillos de América latina, que no han creado nunca alguien que les pudiera hacer sombra. Y Dirceu tenía esa ambición, al revés de (Antonio) Palocci, que sabía desempeñarse sin mostrar esa ambición. Los dos hombres (Dirceu y Palocci) que estuvieron desde el principio al lado de Lula son muy distintos y por eso Palocci está de nuevo ahora, al lado de Dilma, enviado por Lula, en una misión que busca mostrar ante empresarios y mercados financieros que Rousseff es no sólo la continuidad del Lulismo, sino del "Paloccismo", si se puede llamar así a esas políticas económicas ultraortodoxas que fueron impulsadas por Palocci como ministro de Economía. –¿Cuál será el papel de Lula desde el 1º de enero? –Hasta el 3 de octubre, Lula es un activo tremendo a favor de Dilma; desde el 1º de enero puede ser un problema para ella. Si se mete a opinar sobre lo que está bien o está mal, va a desgastar la presidencia muy rápidamente. Hay otra manera de desgastarla que es con la comparación de las dos popularidades: la popularidad con que se va Lula, que es de casi el 80 por ciento, y lo que va a tener Dilma, que ya empieza con muchos votos menos que la adhesión que deja el presidente. Lula tiene el 80 no sólo porque las cosas están bien sino porque tiene el carisma personal. La gente lo quiere, es campechano, no es sólo éxito administrativo, sino que tiene que ver con su personalidad. Trata a todos como compañeros, incluso a los otros presidentes. Dilma, al revés, no va a besar a nadie, sino a extender la mano cuando se encuentre con sus pares. La personalidad de ella aleja a las personas y eso se siente… –Ese cambio de modos, ¿puede reformular el trato de Brasil con sus vecinos? –No creo. Pienso que en política externa uno puede apostar por la continuidad más absoluta porque Dilma no tiene ninguna experiencia, al revés de lo que pasó con Lula, que conocía mucha gente y había viajado mucho en su calidad de dirigente partidario y sindical. Muchos dicen que Celso Amorim será por un año o seis meses el canciller de Dilma y lo sucederá Antonio Patriota, quien es el segundo de Amorim hoy. Así que seguirá la prioridad para el Mercosur y América del Sur, sin ningún cambio los primeros dos años. –La paciencia de Lula, ¿se extrañará en Argentina? –No creo. Dilma entiende de economía porque ésa es su formación y puede que de repente sienta la tentación de endurecer posturas con Cristina, si Cristina mantiene algún tipo de políticas que no le agrade, pero no creo. Además, el coordinador del programa de gobierno de Dilma es Marco Aurelio García, quien es el hombre en política externa de Lula. Palocci puede ser el futuro jefe de Gabinete o quizá ministro de Hacienda.