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Imparable Brasil

Brasil es la octava economía del mundo. El Fondo Monetario Internacional lo ubicó así en el nuevo ranking de los países socios. Alejandra Conti.

10 de octubre de 2010 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Imparable Brasil

Si bien el referente no goza de simpatía por estas latitudes, el dato es válido: entre 181 países miembros, Brasil está en octavo lugar. Luiz Inácio "Lula" da Silva le deja a quien triunfe en la segunda vuelta un país en permanente proceso de crecimiento. Una primera reflexión que sugiere la información tiene que ver con la realidad de que la crisis financiera que estalló al final de 2008 no trató tan mal a las potencias emergentes. Pero la razón primordial es la existencia de políticas de Estado y claridad de objetivos.Las políticas de Estado se rediseñaron con Fernando Henrique Cardoso y fueron seguidas por Lula da Silva. Claridad de objetivos tuvo el actual presidente: programas sociales y política exterior fueron sus prioridades.Los programas sociales, como el Bolsa Familia, fueron fundamentales para mejorar la situación de los más pobres, retener a los chicos en el sistema escolar y garantizar el acceso a servicios de salud primarios. La deuda social es aún enorme, pero el gobierno de Lula tomó medidas para que el proceso de cambio, que es a largo plazo, se consolide.El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud) ubica a Brasil en el número 75 del ranking. Allí está desde el año 2007. Esto lo mantiene en el nivel de alto desarrollo humano (la clasificación va de muy bajo a muy alto). Después de Chile y Uruguay, Brasil es el país latinoamericano que más avanzó en disminuir la pobreza, según la Cepal, que también indica que los mercados de trabajo, sumamente afectados por las políticas de los '90, recién se están recuperando.En lo económico, así como Alemania fue y es la locomotora de Europa, Brasil lo es de América latina. Para eso el gobierno mantiene buenas relaciones con todos los vecinos, con quienes hace negocios y apuesta a la integración.Hacia afuera, en el marco de la Organización Mundial de Comercio (OMC), hizo valer su peso de potencia para liderar la ofensiva de los países emergentes del G20 exigiendo la apertura de los mercados. Tendió puentes hacia sus colegas de categoría en el Bric (Rusia, India y China), África (especialmente Sudáfrica) y los países árabes.Hacia adentro, la existencia de una burguesía industrial consolidada ayudó. Pero Lula le dio un fuerte impulso a la industria en general y a la de energía en particular. La agricultura se favoreció de la situación internacional, pero también aprovechó el momento. Se produce y se exporta, algunas de sus empresas nacionales son multinacionales y el dólar está a dos reales, lo que pone a la moneda brasileña en un nivel menos competitivo que nuestro peso. También se compran empresas, especialmente en los países latinoamericanos. Mediador. El liderazgo de Brasil en la región lo llevó a actuar como árbitro de conflictos. En esto se encontró con el tope que impone EE.UU. El ejemplo más claro fue su intento de mediación en Honduras y el frustrante paso al costado exigido desde Washington. Seguramente la denuncia de Brasil, en abril de 2008, de la reactivación de la Cuarta Flota de la Marina de Estados Unidos para patrullar la región tuvo que ver con esto. Al margen de este episodio, en otros conflictos el gobierno de Lula aplicó el principio de negociar siempre. No entró en el juego (como tampoco lo hizo la chilena Michelle Bachelet) de ubicarse con la llamada izquierda responsable, que lo hubiera enfrentado con la denostada izquierda populista de Hugo Chávez. Es esa inteligencia política la que lo lleva a aliarse con Venezuela para conformar y sostener la Unasur.El frente internacional se le complicó con su polémica amistad con Irán. El debate ideológico pasa por si Lula es de izquierda o centro izquierda, y si traicionó a los principios originarios del Partido de los Trabajadores. Esa es una discusión que debe darse en otra esfera. Muchos de quienes responden que sí al segundo interrogante posiblemente hayan votado por Marina Silva, la candidata del Partido Verde, hace unos años afiliada al Partido de los Trabajadores y aliada de Lula.Si sus gobiernos sirvieron o no a su gente, eso tienen que decidirlo los brasileños, que fueron muy claros el domingo anterior. Nadie con más derecho que ellos para opinar.