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La hora de la retirada

El gobierno de Barack Obama anunció retóricamente que finaliza la guerra en Afganistán. Alejandra Conti.

26 de junio de 2011 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
La hora de la retirada

Con la confirmación de una retirada progresiva y definitiva de Afganistán, Barack Obama declaró el final de la guerra contra el terrorismo. Se trata de un final retórico con una salida intermedia entre las alternativas posibles. No es la mejor manera, ni la más rápida, ni lo suficientemente gradual, ni se deja un país en orden. Pero es la manera que encontró el gobierno estadounidense de zafar medianamente de la situación; de complacer a algunos, pero no mucho, a costa de enojar a otros, pero no tanto. "Terminemos estas guerras responsablemente", dijo Obama, como si eso fuera posible. Con "estas guerras" se refirió a las heredadas de George W. Bush.Era la respuesta que se podía dar a una situación estancada; un empate entre el ejército más poderoso del mundo y un movimiento guerrillero fundamentalista en un país que no llega a la categoría de Tercer Mundo.Tras 10 años de guerra y con Osama bin Laden muerto, que es la venganza consumada, ya no tiene sentido mantener 111 mil soldados en Afganistán, ni gastar 120 mil millones de dólares al año. Ni siquiera para intentar evitar que las talibanes sigan desestabilizando a Pakistán.Actualmente hay en Afganistán 150 mil efectivos, entre estadounidenses y de otras nacionalidades.Las fuerzas armadas estadounidenses habían propuesto la salida de cinco mil soldados este año y de un total de 33 mil a lo largo de 2012. En cambio, Obama prometió que retiraría 10 mil en 2011 y 33 mil antes de septiembre de 2012. Otros 68 mil soldados quedarán en el terreno e irán saliendo escalonadamente hasta 2014.El anuncio se produjo días después de que se blanquearan las conversaciones que tanto estadounidenses como europeos mantienen con los tali­banes con vista a la posguerra. El jefe del Foreign Office, William Hague, llamó a esas negociaciones "intento de reconciliación" entre los talibanes y el gobierno pro occidental. Al mismo tiempo, argumentó que lo que sucede en Afganistán está relacionado con la propia seguridad nacional de los británicos, y condicionó el éxito de las negociaciones a que los talibanes rompan sus vínculos con Al Qaeda. Después, dijo, Afganistán podrá asegurar su seguridad por sí mismo, ya que su ejército, con 300 mil efectivos, será uno de los más grandes del mundo. No dijo con quién de los muchos que mandan en el país asiático se hará negocios de ahora en más.Así, livianamente, una alta autoridad europea simplificó la complejísima y dramática realidad afgana hasta desdibujarla completamente. Porque la verdad es que Afganistán va a seguir siendo un problema serio, para los mismos afganos y sus vecinos.¿Y los afganos que confiaron en Estados Unidos para que los liberara del yugo del extremismo fundamentalista? Pueden ir haciendo las valijas los que todavía no se hayan ido. No es un tema prioritario. A pesar de que 1.600 estadounidenses murieron en combate y miles más volvieron heridos y discapacitados, la guerra en Afganistán no es un tema que desvele a los estadounidenses, salvo a quienes tienen familiares en la zona de combate. Y en este último caso, muchos de quienes se enrolan en el ejército lo hacen buscando una salida laboral y son considerados trabajadores que ejercen su oficio. Las filas están llenas de jóvenes proletarios que no ven otra forma de conseguir trabajo y quizá hasta una beca universitaria. Electoralmente, ya en campaña para la reelección, la retirada es un mensaje al público que reclama el fin de las guerras. A los más fanáticos ya los convenció de su patriotismo con el asesinato de Bin Laden.Salvo que algo serio ocurra, Afganistán es ancho y ajeno para millones de ciudadanos apremiados por hipotecas, el bajo valor de sus viviendas y el precio de la nafta. En estos temas radicará la campaña para las presidenciales de 2012, no en Afganistán.Si bien hay signos de recuperación, como que el empleo viene creciendo más o menos sostenidamente desde hace 15 meses, el estado de la economía es aún un problema difícil y será así por más de un año.El lema de Obama pos Afganistán es invertir en educación, infraestructura y energía verde. "Estos últimos años mi tarea fue limpiar el desastre", dijo la semana pasada en una reunión con contribuyentes para su campaña.Hay quienes advierten que Obama debería acercarse más a la clase media baja, tradicional clientela de los republicanos y al mismo tiempo víctima de sus políticas. Crónicas de la América profunda , de Joe Bageant, da una idea cabal de qué es y cómo piensa un tercio de la población del país, refractario a todo lo que huela a solidario o comunitario. Allí se cocinan los votos de la derecha y el apoyo a las guerras de Estados Unidos.