Honduras, golpe y amnesia
El próximo día 28 se cumplirá el primer año de un hecho ominoso que atrasó en tres décadas los relojes de la democracia. Marcelo Taborda.
El próximo día 28 se cumplirá el primer año de un hecho ominoso que atrasó en tres décadas los relojes de la democracia que, con imperfecciones y carencias, tanto costó edificar en Latinoamérica.
Aquella madrugada de junio de 2009, un grupo de militares irrumpió en la residencia de un presidente surgido de la voluntad popular, lo sacó de su cama a punta de pistola y lo puso por la fuerza en un avión con destino a otro país. Ese día, los acontecimientos que sentaron un precedente funesto en la región catapultaban a una pequeña nación, Honduras, y a su hasta entonces ignoto gobernante, José Manuel Zelaya, a las portadas de todo el continente y buena parte del mundo.
Y es que más allá de la confusión inicial tras la aparición de Zelaya deportado a Costa Rica y de las versiones originadas en Tegucigalpa que pretendieron disfrazar lo ocurrido como una "renuncia" o "sucesión institucional" sin visos de ilegalidad, la ruptura de la democracia hondureña obligó a vecinos cercanos, y no tanto, a tomar partido por uno u otro de los "bandos" enfrentados. Esos bandos libraban una puja que traspasaba fronteras.
Zelaya, un hombre de alta posición que llegó al poder al frente de una fuerza conservadora, había virado en pleno mandato y comulgado con postulados de izquierda que lo acercaron hacia su colega venezolano Hugo Chávez e incorporaron a Honduras a la Alternativa Bolivariana para las Américas (Alba).
Los tradicionales dueños del poder en una nación que fue emblema de "país bananero" y a la que Estados Unidos usó para dar cobertura a la represión ilegal en los años de plomo o base para su estrategia contrarrevolucionaria en Nicaragua, no digerían a un gobernante que se apartaba del viejo libreto.
La idea de Zelaya de convocar a un referéndum no vinculante para reformar la Carta Magna e incorporar, entre otros puntos, la posibilidad de reelección presidencial, sirvió a los opositores al mandatario, incluso dentro de su propio partido, para pergeñar su caída. Quizá el desenlace hubiera sido maquillado como una revuelta popular más, de no haber sido por la torpeza de los ejecutores del plan y los pasos posteriores de los golpistas, que desnudaron sus reales motivaciones y propósitos en los días y meses subsiguientes.
Olvido y ¿perdón?
Más allá de las extravagancias de Zelaya desde su exilio forzado o cuando logró regresar a su país y asilarse en la Embajada de Brasil, Latinoamérica rechazó su derrocamiento casi sin fisuras (siempre hay interesados en abrir grietas en este bloque), en una respuesta parecida a la que evitó que se consumara y prosperase la fallida intentona golpista del 11 de abril de 2002 en Venezuela.
Al igual que entonces, una conjunción de empresarios, poderosos medios de comunicación y parte de las fuerzas armadas y del Poder Judicial se unieron para desplazar al jefe de Estado. Aunque esta vez, los golpistas lograron su objetivo y, con Zelaya confinado en su propio territorio, utilizaron las elecciones del 29 de noviembre y el triunfo de Porfirio Lobo para intentar relegitimarse.
Claro que gestos como el del ex gobernante de facto Roberto Micheletti, nombrado legislador vitalicio, o las muertes de una decena de periodistas o diversos dirigentes sociales, tras la asunción de Lobo en enero, revelan que en Honduras no todo es tan claro como se muestra.
A días del aniversario del golpe, la Organización de Estados Americanos (OEA) creó una comisión que analizará la posible readmisión del país al que se suspendió con el voto impulsado por Brasil, Argentina, Venezuela y Uruguay, entre otros, y avalado a regañadientes por Estados Unidos.
Ayer, en Lima, Hillary Clinton abogó por la vuelta de Honduras a la "familia". Otras voces exigen que primero se produzca el retorno de Zelaya a su país y que la "Comisión de la Verdad" no sea un apéndice oficialista para acabar de convalidar lo que tanto se había repudiado.
Brasil pidió no apurar regresos, aunque para los mentores del golpe, que junio de 2009 parezca hoy tan lejano es una nueva victoria.

