Hay incendios que no se apagan con agua... ni palos
El detonante fue la muerte de Mark Duggan, un joven negro de 29 años y padre de cuatro hijos, a quien la policía disparó el jueves pasado. Marcelo Taborda.
El detonante fue la muerte de Mark Duggan, un joven negro de 29 años y padre de cuatro hijos, a quien la policía disparó el jueves pasado. Fue un confuso episodio que parece conducir a otro "error" letal de Scotland Yard en perjuicio de inmigrantes o minorías. Las marchas organizadas dos días después por el presunto abuso policial encendieron la mecha que desde Tottenham se extendió a más zonas depreciadas de Londres y otras ciudades. Cuatro días después de los primeros enfrentamientos, y en medio de quemas de coches y saqueos de edificios, los incidentes se cobraron otra vida, la de un joven baleado en Croydon. Para entonces, el motivo original de los disturbios parecía una cuestión secundaria en medio del explosivo cóctel social y económico que enmarca el estallido británico.Algo similar ocurrió en octubre de 2005 en Clichy-sous-Bois, un banlieue (suburbio) del este parisiense, donde el deceso de dos jóvenes musulmanes de origen africano que se electrocutaron al tocar un transformador mientras escapaban de la policía desató una revuelta que durante muchas noches hizo arder la capital y luego otras urbes francesas.Los incendios iniciales de la capital del Reino Unido se propagaron a Liverpool, Manchester, Nothingham, Leeds, Bristol y Birmingham, con una coordinación que, según las autoridades, fue manejada a través de redes sociales como Facebook o Twitter o mensajes enviados por BlackBerry. Las mismas redes a las que desde Occidente se alabó por su poder movilizador en las revueltas de la "primavera árabe" fueron denostadas por una ministra inglesa, mientras Scotland Yard presionaba por acceder a las comunicaciones cifradas de los celulares. El primer ministro británico, David Cameron, después de cortar sus vacaciones en la Toscana italiana, convocó ayer de urgencia al Parlamento, compareció frente al número 10 de Downing Street y simplificó todo lo ocurrido desde el sábado como "criminalidad pura y dura que, como tal, será enfrentada". Hace seis años, cuando la agitación sacudía a los deprimidos suburbios galos, sobrepoblados de inmigrantes y jóvenes sin salida laboral ni progreso a la vista, el actual presidente Nicolas Sarkozy, por entonces ministro del Interior, se refirió a los protagonistas de las marchas como "escoria". No hizo más que echar nafta al fuego. En una madrugada de noviembre, más de 1.300 autos se convirtieron en chatarra humeante. Respuesta policial. El gobierno conservador británico dispuso como primer paliativo a la violencia triplicar la cantidad de uniformados destinados a patrullar las calles en la noche. Claro que los efectivos desplegados pertenecen a la misma institución que otrora se jactaba de su prestigio pero que hace días perdió a sus dos jefes principales, envueltos en el escándalo de escuchas ilegales y coimas pagadas por el tabloide sensacionalista News of the World , del magnate Rupert Murdoch. Fueron también policías de Londres los que el 22 de julio de 2005 le volaron la cabeza en una estación de metro al brasileño Jean Charles de Menezes, un migrante al que confundieron con un terrorista implicado en el 7-J. El complejo escenario británico de hoy –como el de ayer en Francia– se da en una crisis global que favorece posiciones xenófobas y agrava las penurias de quienes dejaron sus países en busca de oportunidades que no encuentran. Cuando en octubre del año pasado el gobierno de Cameron anunció un ajuste para paliar el déficit que reduciría cerca de medio millón de puestos de trabajo, se esbozaron las primeras reacciones. Entonces fueron los estudiantes, a quienes se les fijaron recortes en Educación y Sanidad, los que iniciaron las protestas y protagonizaron los enfrentamientos. Soslayar estos componentes ahora que las noticias de medio mundo alertan sobre el fantasma de una recesión y reducir el estallido a "un puñado de vándalos" no parece contribuir a aplacar las llamas sino a avivarlas. Además, hay incendios que no se apagan con agua y en ello debieran reparar también, aunque con otro contexto, los que responden en Chile con camiones hidrantes a los reclamos de los "pingüinos" por una educación inclusiva del otro lado de la Cordillera.

