Hace 40 años, Watergate
Hace 40 años, el 17 de junio de 1972 a las 2 de la mañana, un grupo de ladrones de traje y guantes de goma fue arrestado en el edificio Watergate, en Washington. Alejandra Conti.
Hace 40 años, el 17 de junio de 1972 a las 2 de la mañana, un grupo de ladrones de traje y guantes de goma fue arrestado en el edificio Watergate, en Washington. Allí funcionaba la sede central del Partido Demócrata. Los ladrones eran personal del gobierno republicano de Richard Nixon. Así empezó el que fue quizá el más grande escándalo político de Estados Unidos; el que terminó con la renuncia del presidente, el 9 de agosto de 1974, un hecho inédito en la historia del país, y que aún hoy es objeto de estudio y análisis.Queda como una gran lección el papel del periodismo en el descubrimiento de las maniobras de espionaje que llevaba a cabo en forma rutinaria ese gobierno, junto con sus esfuerzos para obstruir a la Justicia.Días atrás, el diario The Washington Post , factor fundamental para develar esta historia, publicó una nota escrita conjuntamente por Carl Bernstein y Bob Woodward en la que ambos periodistas (protagonistas del proceso que llevó al esclarecimiento de la actitud delictiva del gobierno de Nixon) vuelven a hacer hincapié en un aspecto fundamental del caso: enfatizan, contra la creencia generalizada, que el encubrimiento no fue peor que el delito original, e insisten en que el entonces presidente era aún peor de lo que pensaban.Este lapidario párrafo de la nota sintetiza los argumentos de ambos periodistas: "En el curso de los cinco años y medio de su presidencia, iniciada en 1969, Nixon lanzó cinco guerras sucesivas y superpuestas: contra los movimientos contrarios a la Guerra de Vietnam, contra los medios de información, contra los demócratas, la Justicia y, finalmente, la propia Historia. Todo reflejaba una mentalidad y un patrón de comportamiento que eran unívocamente nixonianos: la voluntad de ignorar la ley en pro de la ventaja política y la búsqueda de secretos sucios de sus oponentes como principio organizador de su presidencia".En otras palabras, los de traje y guantes de goma (se los denominaba "plomeros") trabajaron a destajo durante esos años.En el caso particular de Watergate, el accionar ordenado por el presidente apuntaba a corromper el proceso que llevaba a las elecciones de 1972.Tanto en ese como en otros episodios, las grabaciones de conversaciones entre Nixon y sus principales funcionarios (entre ellos Henry Kissinger) no dejan lugar a dudas; el presidente habla claramente de entrar subrepticiamente a determinados lugares, anular alarmas y robar documentos. Y no se refería solamente al cuartel general de los demócratas, sino de muchas instituciones a las que ordenó espiar y sabotear.Por ejemplo, envió a sus matones a ingresar al consultorio del psiquiatra del líder del movimiento antibélico Daniel Ellsberg para ver si encontraban algo interesante para desprestigiarlo.En las grabaciones, Nixon se refiere a Ellsberg como "el judío". Su antisemitismo fue otra de las características de su personalidad. Se refería a algunos de sus funcionarios judíos (Kissinger, Leonard Garment y William Safire) como "excepciones", aún en presencia de ellos.Respecto de Vietnam, estaba convencido de que la mejor manera de llevar adelante la guerra era sin la prensa. "Sería mucho más fácil matar a todos los periodistas para seguir la guerra", dice en una de las grabaciones de reuniones mantenidas en el Salón Oval.De hecho, ordenó (sin permiso judicial) intervenir los teléfonos de periodistas y funcionarios de la Casa Blanca. La historia no termina La investigación de The Washington Post no finalizó con la renuncia de Nixon, sino que siguió durante décadas con la aparición de material desclasificado, declaraciones de personajes involucrados, memorias, libros. Todo ese material "permite rastrear la ofensiva liderada personalmente por el presidente en una campaña de espionaje político, sabotaje y otras acciones ilegales contra sus rivales reales o imaginarios", dicen Bernstein y Woodward. Unos 40 funcionarios terminaron presos, pero el accionar encabezado por Nixon demuestra que había una cultura del secretismo, el espionaje, el sabotaje y el desvío de fondos públicos tan intrínsecamente corrupta y poderosa que resulta difícil pensar que haya sido anulada.Nixon sobrevivió 20 años al escándalo Watergate y en todo ese tiempo intentó lavar su imagen. No lo logró.Durante su presidencia convirtió a la Casa Blanca en una empresa criminal, dicen Bernstein y Woodward, y las pruebas lo confirman.Una frase pronunciada en una entrevista con el periodista británico David Frost evidencia, sin necesidad de mayores agregados, la calaña del sujeto: "No creo que lo que hicimos haya sido encubrimiento. Si yo hubiera querido encubrir algo, créame, lo habría logrado".

