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Habemus crisis

Que la Iglesia Católica se encuentra en crisis, no es ninguna novedad. Leandro Calle.

14 de marzo de 2013 a las 12:01 a. m.
Leandro Calle (Poeta, exsacerdote jesuita)
Habemus crisis
En Córdoba. En mayo de 2006, junto al arzobispo Ñáñez, durante el funeral de Raúl Primatesta (Martín Baez/Archivo).

Que la Iglesia Católica se encuentra en crisis, no es ninguna novedad. Incluso se acuñó desde la teología el concepto de "invierno eclesial" para bautizar esta crisis que comenzó primeramente con un gradual alejamiento de los fieles al culto y terminó con los escándalos sexuales relacionados con la pederastia. Los inviernos acontecen dentro del ciclo de la naturaleza. La crisis de la Iglesia Católica no aparece por generación espontánea: es una crisis que tiene causas y responsables. En este sentido, el término "invierno eclesial" es pobre y trata de ocultar y mantener en secreto las responsabilidades morales y pastorales de una jerarquía eclesial que dejó de lado el Concilio Vaticano II y, encerrada sobre sí misma, no parece querer dialogar con el mundo moderno.Es fundamental tener en cuenta este contexto de crisis y el fenómeno del Vatileaks para entender tanto la renuncia de Benedicto XVI como la asunción de Jorge Bergoglio como Francisco.Entender la renuncia de Ratzinger por la falta de fortaleza es una ingenuidad, como también lo es pensar que el nuevo Pontífice, por ser latinoamericano, va a generar una oxigenación en la vida eclesial.Ratzinger, Bergoglio y la mayoría de los cardenales del cónclave provienen de la selección que hicieron Juan Pablo II y, posteriormente, Benedicto XVI. Dicha selección es recorte de una "manera de ser Iglesia" que ya conocemos.Podrá encontrarse alguna salvedad, pero, en general, los cardenales responden a un modelo eclesial más bien asfixiante y retrógrado. Bergoglio no es la excepción. Con el agravante de que en su pasado soporta las sospechas de su colaboración con la dictadura militar argentina, como es comprobable en los testimonios del exjesuita Orlando Yorio, entre otros.Cuando Bergoglio era provincial de los jesuitas argentinos, el padre Orlando Yorio fue detenido y torturado en la Escuela de Mecánica de la Armada (Esma) junto con el jesuita Francisco Jalics. En numerosas oportunidades, el padre Yorio contó a la prensa los pormenores de su detención. También fue uno de los primeros en declarar en el informe Nunca más , de la Conadep.Asimismo, en el conocido libro Iglesia y dictadura , de Emilio Mignone, se encuentra salpicado el nombre del actual Pontífice. Estos datos fácilmente rastreables hablan de la extraña elección que acaba de acontecer y suscitan, a su vez, el interrogante de cómo y quiénes habrán sido los otros candidatos para que salga elegido quien salió.Por otra parte, la relación de Bergoglio con la Compañía de Jesús, orden a la que perteneció, es bastante dificultosa, sobre todo en Argentina. La crisis de los jesuitas en la década de 1990 fue una división "pro Bergoglio" y "contra Bergoglio". Secreto a voces que los jesuitas prefieren mantener alejado de lo público.Por estas y muchas otras razones, la elección de Bergoglio suena controvertida.Muchos católicos esperan una renovación en la Iglesia. Las renovaciones y los cambios estructurales no vienen de arriba. Los cambios fundamentales llegan desde los cimientos, desde las bases. A no ser con un tercer concilio abierto a los laicos y a las problemáticas del mundo posmoderno, no creo que la Iglesia Católica genere una nueva manera de "ser Iglesia".