Los ganadores de siempre
Un estudio del economista Branko Milanovic, del Banco Mundial, revela que el uno por ciento más rico del mundo vio incrementados sus ingresos en un 60 por ciento entre 1988 y 2008.
El ocho por ciento más rico del mundo recibe la mitad de todo el ingreso mundial. Este dato, demoledor, surge de un estudio hecho por el economista Branko Milanovic y confirma que durante los últimos 20 años, período en el que el capitalismo se radicalizó bajo la forma de globalización, los beneficiados y perjudicados fueron los mismos de siempre.
El trabajo es una investigación para determinar el primer cálculo global de ingreso y desigualdad. La versión completa del informe en inglés se puede encontrar en bit.ly/XPNuP8.
Milanovic, investigador del Banco Mundial y un referente académico en esa nueva disciplina por mérito propio que son los estudios de la desigualdad, parte de una concepción internacionalista. Considera que un problema tan complejo no puede observarse correctamente si se lo hace desde el punto de vista de un Estado-nación, mucho menos cuando la internacionalización del comercio y la economía son lo que rigen la vida de los países.
En su análisis apunta que durante los últimos 60 años el estudio de la desigualdad se hizo básicamente sobre el producto interno bruto de las naciones o el ingreso per cápita. Estas formas de medir los ingresos consideraban a los estados como unidad. El estudio de la desigualdad global de este economista serbio se basa, en cambio, en analizar la situación de los individuos, al margen del país al que pertenecen.
El analista utilizó la evolución del coeficiente Gini (0, todos tienen los mismos ingresos; 1, cuando una sola persona percibe todo el ingreso de una región, ciudad, pueblo), junto con censos, estadísticas y otras herramientas económicas para llegar a los resultados que presenta. Para establecer la capacidad económica de los individuos, se determinó el poder real de compra de cada población.
Algunos de los puntos que sostiene en su análisis son los siguientes:
La desigualdad a nivel global es más acentuada que la desigualdad dentro de cualquier país en particular.
El analista serbio encuentra que, a nivel global, el uno por ciento más rico ha visto incrementados sus ingresos en un 60 por ciento entre 1988 y 2008, mientras que las clases medias de los mercados emergentes (China, India, Indonesia, Brasil y Egipto) aumentaron los suyos entre 70 y 80 por ciento. Estos son los verdaderos ganadores de la globalización.
Señala también que incluso el tercio inferior (más pobre) ha recibido un beneficio cierto: entre 40 y 70 por ciento más de ingresos.
¿Y entre los perdedores? Aquí se ubica el cinco por ciento más rezagado de la población del mundo, que se ha mantenido en el mismo nivel de ingresos. Junto con ellos, los más pobres, hay una sorpresa: la clase media alta mundial de América latina, de los países ricos y de los excomunistas. Un 15 por ciento de la población mundial con estudios y expectativas de progreso que vivieron las dos últimas décadas en declive, o al menos en estancamiento.
La conclusión de Milanovic es que, a pesar del crecimiento de los mercados emergentes y el tercio inferior, el uno por ciento más rico acumula tanto poder que la perspectiva es aun de más crecimiento respecto de los demás.
La desigualdad medida por niveles de riqueza es mucho más acentuada que la desigualdad por ingreso. En este sentido, se estima que en el mundo el uno por ciento posee el equivalente a lo que se reparte el 99 por ciento restante.
Incluido en ese uno por ciento más rico del mundo está el 12 por ciento de los norteamericanos más ricos, y entre el tres y seis por ciento de sus pares británicos, japoneses, alemanes y franceses.
Es decir que, según este investigador, el club de los millonarios está formado por los “viejos ricos” de siempre. También en el sector más pobre del mundo, el poder económico y político sigue en manos de las mismas familias que la generación anterior.
El agravante es que en este sector (América Central y del Sur, África y parte de Asia) vive la proporción más grande de la población mundial. Asociados al poder de los más ricos del mundo y protegidos por este, son connacionales los que deciden la distribución del ingreso en esos países.
Antes, proletarios; ahora, inmigrantes. El estudio establece que, así como la desigualdad a nivel global desde la Revolución Industrial estuvo dada por la clase social, hoy está determinada en mayor proporción por la condición de local o inmigrante del individuo. Las grandes disparidades no se dan entre clases sociales, sino entre países.
Con políticas globales adecuadas, la migración sería una herramienta para disminuir la pobreza y la desigualdad, sostiene este académico, que defiende la idea de que el otrora llamado “primer mundo” no tiene más remedio que asistir a los países expulsivos para evitar afluencias migratorias inmanejables.
Una buena. Para compensar estas noticias, podemos tomar una emitida por el Banco Mundial que es alentadora para nuestra región: América latina y el Caribe lograron tener en 2011 más personas en la clase media que en la pobreza. Brasil encabeza esta causa, con 38 millones de ciudadanos ascendidos de clase social en los últimos 10 años (el 30 por ciento de la población), junto a Argentina, Uruguay y Chile.
No quiere decir esto que se haya alcanzado la prosperidad primermundista tantas veces prometida, y en eso nos remitimos al estudio de Milanovic. Unos 80 millones de personas siguen sin poder satisfacer sus necesidades básicas (la mayoría en Brasil y México) y el mismo Banco Mundial indica que 40 por ciento de los latinoamericanos podrían volver al estado inicial de pobreza.
El progreso es cierto pero inestable. La lucha contra la pobreza no es una política de Estado en nuestros países, o al menos no lo es de forma eficiente.

