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Un frigorífico de manzanas, morgue de la revolución

No hay refugio seguro en la provincia de Homs frente a la brutal represión del régimen. El miedo obliga incluso a que los funerales sean breves.

23 de febrero de 2012 a las 12:01 a. m.
El País, de Madrid
Un frigorífico de manzanas, morgue de la revolución

Al Qusayr (Siria). Cinco cadáveres yacen en un frigorífico para manzanas, convertido en la morgue de la revolución. Entre ellos hay dos niños de unos 13 y 10 años, Ismael y Ahmed Masharkeh, dos hermanos de una misma familia. Es mediodía y un mortero los sorprendió en el interior de su casa, en Al Qusayr, una localidad de la provincia de Homs.

El padre llora, arrodillado. Trata de identificar el rostro desfigurado del más pequeño, envuelto en una manta marrón. A su alrededor, varios hombres rezan y gritan consignas contra Bachar al Assad.

“Esto es lo que hace a nuestro pueblo, ¿por qué?”, se pregunta uno de ellos, y grita un omnipresente “Allahu Akbar” (Alá es grande), respondido al unísono por los presentes.

El funeral transcurre a toda prisa, es un día peligroso. El lunes, el Ejército Libre capturó un tanque a las tropas de Al Assad en inmediaciones de la ciudad y como represalia se inició un bombardeo contra la zona controlada por los rebeldes, dos tercios de la ciudad.

Una corta procesión lleva los cadáveres desde la mezquita hasta el nuevo cementerio construido para los mártires, a salvo de las balas de los francotiradores. El cortejo casi corre hacia las tumbas, cavadas sólo una hora antes.

Rodeados por cientos de personas, entierran los cuerpos en apenas 10 minutos. Dos hermanas tratan de llegar a los pies de la tumba de Ahmed e Ismail, entre lágrimas, pero fue todo tan rápido que ni siquiera les dio tiempo de darles su último adiós. “¿Cuántos muertos más necesita Bachar para irse, cuántos?”, exclama una de ellas.

Se oyen algunos tiros. Las tropas de Al Assad, ubicadas en los techos del hospital y de la municipalidad, disparan a los altavoces de la mezquita, que emite el sonido de los rezos musulmanes para el funeral.

Esta vez no hubo canciones, ni reunión multitudinaria. El Ejército Libre tiene otros menesteres y está ocupado esperando la llegada de tanques del régimen, que reforzó sus posiciones en esta zona, cerca de la frontera con el Líbano, y mantiene rodeada la ciudad con artillería pesada, 17 controles y vehículos armados. En dos días murieron ocho personas aquí, a causa de explosiones de mortero, disparos de francotiradores o ataques de soldados a autos que circulan de noche. La población sufre continuos cortes de electricidad.

Escasez. Con temperaturas bajo cero, decenas de personas hacen cola en una estación de servicio controlada por el Ejército Libre. "Yo paso primero o vengo con mi arma", gritaba un hombre con dos bidones vacíos y el brazo en alto, mientras rebeldes intervenían para calmar a las mujeres que protestaban y pedían protección.

La mayor parte de la población está armada y es usual ver a los hombres con fusiles en las calles. Pero la situación es especialmente dramática en la ciudad de Homs, donde no hay suministros y la población está sometida a un intenso bombardeo sin descanso que se cobró cientos de vidas en sólo 15 días, sin que los rebeldes hayan podido hacer nada para evitar la lluvia mortal de morteros, lanzados desde la distancia.

El Ejército Libre está compuesto en su mayoría por desertores y sólo aceptan a aquellos que hayan realizado el servicio militar, así que es un ejército tan experimentado como pobre. Sólo cuentan con fusiles y una pobre infraestructura en cuestión de vehículos y medios para comunicarse, obstáculos que impiden un equilibrio de fuerzas a corto plazo, dada la fortaleza de las tropas de Al Assad, que están mucho mejor pagadas, equipadas y cuentan con tanques y artillería pesada.