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Europa negocia en bloque para lograr la dirección del Fondo Monetario

Berlín lidera la lucha para que un europeo retenga el puesto. La francesa Christine Lagarde es la favorita.

21 de mayo de 2011 a las 12:01 a. m.
Claudi Pérez (El País, de Madrid)
Europa negocia en bloque para lograr la dirección del Fondo Monetario

Madrid. Con una "tristeza infinita", según sus palabras, el ahora ex jefe del Fondo Monetario Internacional (FMI), Dominique Strauss-Kahn, presentó su dimisión tras las acusaciones de agresión sexual a una camarera en un lujoso hotel de Manhattan. Recluido en una celda de una cárcel neoyorquina, sucumbió así a la creciente presión internacional en un caso que reúne toda la dinamita imaginable. Strauss-Kahn ya es historia. Europa en bloque (por una vez) puja por situar a uno de los suyos en la jefatura del Fondo, ante el peligro de una interminable crisis fiscal en la que el FMI juega un papel capital. La francesa Christine Lagarde es la gran favorita. Pero la batalla promete ser intensa ante el interés de los países emergentes por conseguir ese sillón. Socialdemócrata francés de 62 años y con un currículum tan brillante como controvertido, Strauss-Kahn dejó el Fondo 17 meses antes de que expirara su mandato. Todo apuntaba a que no habría completado su gestión, ya que era uno de los favoritos en las encuestas a las presidenciales de su país. Una vez iniciada la carrera por la sucesión, Europa no tardó en ponerse en campaña para que todo siga como está. La dirección del Fondo ha sido ocupada por un europeo desde su creación, en un pacto no escrito con Estados Unidos. "Defiendo la opinión de proponer a un candidato europeo", subrayó la canciller de Alemania, Angela Merkel, que dio dos argumentos: el hecho de que Strauss-Kahn no agotó su mandato y el rol fundamental del FMI en la resolución de la crisis europea. Sin embargo, la disputa sobre el cargo es mucho más que un tira y afloja sobre la nacionalidad del que será el undécimo jefe de la institución. La crisis que comenzó en 2007 –causada por hombres blancos de profundos ojos azules, según la definición del ex presidente brasileño Lula– ha puesto a prueba el liderazgo de Estados Unidos y Europa en el tablero internacional. Los otros en pugna. Los países emergentes, y en especial China, India y Brasil, vienen pisando fuerte. El G-20, en el que están presentes, ha sustituido ya al G-7 (con la inestimable ayuda de Strauss-Kahn). Y los países en desarrollo quieren ahora mandar en Washington. Así que junto a los candidatos europeos –Lagarde, pero también Jean-Claude Trichet, presidente del BCE, y el ex ministro alemán Peer Steinbrück- apareció una amalgama de nombres que quieren representar el brío del mundo emergente: el turco Kemal Darvis, el israelí Stanley Fisher, el ministro de Singapur Tharman Shanmugaratnam, el sudafricano Trevor Manuel, además de varios latinoamericanos, entre los que destacan el mejicano Francisco Gil o el peruano Pedro Pablo Kuczynski.Los emergentes tienen ahora una oportunidad de oro para acabar con la tradición, ese enfoque feudal, poscolonialista, que restaría al Fondo legitimidad y credibilidad, según la multitud de críticas. Pero algunos se resisten a esos cambios. Los emergentes siguen sin hablar con una sola voz y los candidatos al FMI aparecen a ráfagas, procedentes de casi una veintena de países cuando apenas han pasado cinco días desde la detención de Strauss-Kahn. Frente a esa cacofonía de voces, Europa habló alto y claro. Defendió en forma unánime, desde sus instituciones y prácticamente desde todos los gobiernos la candidatura europea. Con un nombre por encima de todos, el de Lagarde.Hay todavía una clave más en la sucesión de Strauss-Kahn. No hace tanto tiempo, el mundo crecía a toda velocidad, con el sistema financiero campando a sus anchas en un cóctel de libre mercado, desregulación y globalización que parecía desembocar en un capitalismo triunfante cuyo epítome era el FMI, guardián de las esencias de la ortodoxia neoliberal. De repente, ese dogma saltó por los aires con la crisis que arrancó en 2007 y explotó en 2008. La economía vive uno de los fracasos más violentos de los últimos 100 años; una crisis que puso de manifiesto todo tipo de abusos en la banca y fracturas en la esfera política, que permitió todo eso o miró hacia otro lado.DSK, como lo llaman en el hemisferio norte, usó el FMI para denunciar esas fallas en el sistema. Reclamó estímulos keynesianos para evitar otra Gran Depresión y defendió la regulación de los mercados."El próximo jefe del FMI puede tener esa onda, que por cierto es la de Lagarde, o volver al pasado, con otro sumo sacerdote de la ortodoxia, que es lo que pide parte del FMI", indicaron fuentes próximas al Fondo. El peso del Viejo Continente. Europa tiene el 32 por ciento de las cuotas que los países pagan al FMI y es el principal accionista del Fondo, a pesar de la última reforma –iniciada por Rodrigo Rato y finalizada por Strauss-Khan–, que le restó peso en favor de los países emergentes. China concentra el cuatro por ciento de las cuotas, a pesar de que su peso en la economía mundial es mucho mayor, ya que concentra el 14 por ciento del PIB global. Estados Unidos controla menos del 18 por ciento de las acciones del Fondo, pero aun así su influencia en la política de la institución ha sido siempre sobresaliente.El máximo puesto del FMI –asimilable al de un primer ministro, con un papel preeminente en las cumbres internacionales– estuvo siempre reservado a un europeo. Cuando Strauss-Kahn fue elegido en 2007, desde el Fondo surgieron varias voces que prometieron cambios para la siguiente ocasión. La canciller Angela Merkel hizo ayer hincapié en que, en general, los emergentes tienen derecho a ocupar cargos de responsabilidad en el FMI y el Banco Mundial, pero no ahora.