Estrategia para una batalla inesperada
Opositores se envalentonan con un escenario distinto y un esquema de poder que imaginan sin recambio. Marcelo Taborda.
Regresó de madrugada y por sorpresa, justo el día en que se cumplía un mes de su partida hacia una gira regional por Brasil y Ecuador que lo llevó luego a Cuba, un destino recurrente para él, aunque esta vez su estadía en la isla sería diferente a cualquier otra. Según escribió su amigo y referente Fidel Castro, el viaje a La Habana no preveía una intervención médica compleja ni, mucho menos, las derivaciones de unos estudios que alertaban sobre un mal que el propio líder cubano tuvo que comunicarle días después. Hugo Rafael Chávez Frías salió al "balcón del pueblo" del Palacio de Miraflores en la tarde del lunes, en vísperas del Bicentenario de la Independencia de Venezuela, que fue conmemorado ayer con un multitudinario desfile que él mismo imaginó durante meses y en el que se sólo pudo participar a través de la televisión o de las nuevas redes sociales. Su imagen ante la multitud lucía mucho mejor que el jueves en la noche, cuando informó por TV desde La Habana que había sido sometido a dos operaciones, la segunda de ellas para extirparle un tumor canceroso. En las calles adyacentes al balcón, escenario de una marea roja como la que acompañó muchas victorias electorales, se esperaba una palabra que acabara con los rumores y pronósticos más funestos acerca de la salud y el futuro de su líder. Chávez calmó a quienes se apiñaron para volverlo a ver y demostrarle su lealtad, cuando saludó y arengó como siempre, entonando las estrofas del himno y repasando consignas que la multitud replicaba a coro. Pero muchos de quienes se emocionaron y lloraron con las palabras de su presidente también pudieron ver otra faceta de éste con un discurso acotado por sus hijas, que cada tanto recordaban los tiempos de la prescripción médica a su padre convaleciente. Las alusiones a una dura batalla que no ha terminado pero que promete ganar con el apoyo de su gente, el anticipo de que ayer no podría estar en las calles de Caracas con los más de 12 mil civiles y militares que desfilaron junto a los nuevos armamentos adquiridos a Rusia y China, y la confirmación de que deberá seguir "por un tiempo" bajo estricto control médico dieron pie a nuevas conjeturas, emparentadas con las que se tejieron en su larga ausencia.Mientras Chávez estaba en Cuba, en su país se acentuó un conflicto carcelario, crecieron especulaciones acerca de disputas internas de poder y se alzaron voces opositoras que reclamaban la entrada en vigor de una sucesión interina para atender los asuntos de Estado.Más allá de cálculos interesados de sus adversarios, las semanas de ausencia del mandatario pusieron en evidencia que ni el factor aglutinante que encarnan su figura y autoridad puertas adentro de su gobierno, ni el carisma con que conquistó a sus seguidores son aspectos que podrían suplir por sí mismos y en distintos frentes el vicepresidente Elías Jaua, el canciller Nicolás Maduro o el jefe del Comando Estratégico Operacional Henry Rangel Silva.Algunas diferencias entre el Partido Socialista Unido de Venezuela y otras vertientes chavistas quizá llevaron a convocar a José Vicente Rangel, ex vice y ministro de Exteriores como componedor y colaborador en el diseño de una nueva estrategia hacia las elecciones de diciembre de 2012. Y es que, aunque falta casi año y medio para esas presidenciales, muchos opositores se envalentonan con un escenario distinto y un esquema de poder que imaginan sin recambio. Tocado por algo que no esperaba, Chávez volvió a arengar. "Viviremos y venceremos, el retorno para siempre", dijo antes de autorizar el inicio del acto cívico-militar de ayer y de pedir a los suyos, ante tres colegas de Sudamérica, que se preparen para "mil batallas" para "derrotar en paz" a quienes quieren poner fin a su "socialismo del siglo 21".

