Esquirlas de humanitarismo
Por más que Barack Obama se esfuerce en distanciar sus decisiones de contenido bélico de aquellas que adoptaba su predecesor en la Casa Blanca, George Bush, hay explicaciones y argumentos que no cierran. Marcelo Taborda.
Por más que Barack Obama se esfuerce en distanciar sus decisiones de contenido bélico de aquellas que adoptaba su predecesor en la Casa Blanca, George Bush, hay explicaciones y argumentos que no cierran. Para justificar la intervención militar en Libia ante una opinión pública norteamericana en la que comenzaban a escucharse reproches diversos, el presidente esgrimió razones estratégicas y humanitarias, pero centró la mayor parte de su discurso en éstas últimas. "No haber estado allí hubiera implicado una traición a lo que somos", afirmó el gobernante demócrata, en alusión a las "tradiciones" de su país.¿A qué tradición se refería Obama? Según su discurso, a la de un país que no se queda de brazos cruzados frente a las injusticias u opresiones que se producen en el mundo.Para no ir muy lejos en la historia, uno podría preguntarse si es la misma tradición de un Bush, cuya política exterior Obama denostó al punto de afirmar que su sello era el unilateralismo y su carta de presentación ante el mundo las torturas en Abu Ghraib o Guantánamo.Mientras Obama explicaba, con su locuacidad intacta pero su credibilidad menguada tras algo más de 26 meses en el poder, que lo de Libia era muestra de un nuevo multilateralismo basado en un compromiso global con causas justas, trascendía un reportaje de la revista Rolling Stone , aparecido el domingo pasado, en el que se desnudan abusos de soldados estadounidenses en Afganistán. El informe, que incluyó fotos y videos, mostró a marines burlándose ante cadáveres afganos, muchos de ellos civiles. Las reprochables conductas no son sólo parte del pasado y en este caso ocurrieron en el frente de batalla que Obama eligió priorizar a la vez que prometía la retirada gradual de Irak. A favor del alegato del mandatario en defensa de su "Odisea", debe admitirse que esta operación contó con el aval de 10 miembros y la abstención de los cinco restantes del Consejo de Seguridad de la ONU y que la habilidad de las diplomacias de Francia y Gran Bretaña produjo una resolución, la 1.973, suficientemente vaga o ambigua como para adecuarla a los intereses de las potencias que la impulsaron. El dar un mandato para "el uso de todas las medidas necesarias para proteger a la población" convalidó una gama de acciones de "protección" que cada quien interpreta a su conveniencia.Las diferencias se exteriorizaron en torno al alcance y la duración de los ataques y, sobre todo, acerca de qué hacer con Kadhafi. Antenoche, Obama enfatizó que sería "un error que dividiría a la coalición" el tomar al líder libio como un objetivo militar. No decía lo mismo horas antes en Londres el jefe del Foreign Office , William Hague, en nombre del primer ministro conservador, David Cameron, ni tampoco el ministro francés del Interior, Claude Guéant, en coincidencia con el presidente Nicolas Sarkozy.Ayer, el canciller británico habló de las "futuras elecciones justas sin Kadhafi" con Mahmud Yabril, portavoz del Consejo Nacional de Transición de Libia, al que recibió casi como próximo gobernante antes de la reunión de enviados de 36 naciones y cinco organismos que discutieron el porvenir del país africano muy lejos de Bengazi y, más aún, de Trípoli.Casi al mismo tiempo, trascendía que Qatar, el primer país árabe que se sumó a la intervención, estaba en condiciones de vender el preciado petróleo libio en nombre de los rebeldes que aseguraban controlar ya los principales puertos y plantas de crudo del país. ¿Esto también lo contemplaba la resolución de la ONU? ¿Es la Organización del Tratado del Atlántico Norte el brazo armado de las Naciones Unidas?Entre las voces contra la intervención en Libia, ayer volvió a sonar la de Rusia. Moscú cuestionó que los bombardeos, autorizados para proteger civiles, se usaran para apoyar el avance rebelde y dijo que la Otan tomó partido por uno de los bandos de una guerra civil.La Alianza niega una coordinación cada vez más evidente entre sus operaciones y los pasos de los opositores a Kadhafi. La secretaria de Estado Hillary Clinton desnudó algunos planes cuando opinó ayer que la resolución 1.973 había enmendado o anulado la prohibición de suministrar armas a los libios de cualquier bando, y ya se sabe de qué lado están las potencias.Los próximos días acaso develen más tomas de posición que poco tienen que ver con el de-sinteresado humanitarismo y mucho con los intereses económicos y geoestratégicos. Y mientras las bombas caen, no son pocos los que en Europa, como el español Ramón Lobo en su blog del diario El País , se preguntan: ¿Y si no fueran tan buenos los rebeldes?

