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¿Espejismo en el desierto?

Pocas veces, en los últimos años, una noticia fue motivo de celebración al mismo tiempo tanto para palestinos como para israelíes. Marcelo Taborda.

19 de octubre de 2011 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
¿Espejismo en el desierto?

Pocas veces, en los últimos años, una noticia fue motivo de celebración al mismo tiempo tanto para palestinos como para israelíes. El regreso con vida del soldado Guilad Shalit, después de cinco años y casi cuatro meses de cautiverio en Gaza, no sólo emocionó a su familia y su pueblo. Un sondeo reveló que la mayoría de los israelíes avaló el acuerdo que permitió su liberación a cambio de la entrega de 1.027 prisioneros palestinos, muchos de ellos con condenas por hechos que dejaron muertos y heridos. La mayoritaria opinión favorable al canje, pese al rechazo y los frustrados recursos judiciales de familiares de víctimas de atentados, habrá sido auscultada por el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, quien ayer dijo que el regreso de Shalit había sido una de sus prioridades al asumir este mandato y ahora era un objetivo cumplido.Es de suponer que la adhesión a "Bibi" recupere alguno de los puntos que perdió en medio de las marchas de indignados que coparon Tel Aviv y otras ciudades semanas atrás, y también a partir del terreno diplomático cedido frente a la ofensiva del presidente palestino, Mahmud Abbas, ante la ONU, para el reconocimiento de Palestina como un estado más.Pero el premier israelí, cuya apuesta entraña riesgos a futuro, no fue el único que intentó capitalizar el impacto de lo ocurrido ayer.Ismail Haniyeh, máxima autoridad en la Franja de Gaza controlada por Hamas, definió lo ocurrido como "victoria histórica", mientras que el líder de ese grupo, Jaled Mashaal, habló de "un logro nacional" que debe servir de "modelo de reconciliación palestina".En la capital cisjordana de Rama-llah, Abbas y todo el liderazgo de Al Fatah celebraron ayer también como un hito "para todos los palestinos" la libertad de los primeros 477 prisioneros del acuerdo. Pero entre los miles de manifestantes que salieron a las calles, la sensación predominante era que Hamas, y no Fatah, había mostrado cómo imponer condiciones al enemigo.En medio de todo, el soldado convertido en sargento abogó por la paz palestino-israelí en un controvertido reportaje de la TV de Egipto, país que se colgó las medallas de mediador exitoso.Shalit también se pronunció a favor de más liberaciones de palestinos que se comprometan a no tomar las armas ni cometer actos terroristas como estrategia de batalla.Más allá de las celebraciones como denominador común que enmarcaron un día atípico y hacen soñar a los más optimistas con una paz no tan lejana en la región, algunas voces y advertencias sembraron nuevos interrogantes. El gobierno israelí prometió represalias implacables si alguno de los liberados o cualquier facción radical palestina reincidiera en sus ataques. Y dirigentes de Hamas no ocultaron su satisfacción por el éxito de una estrategia que sugieren emular en el futuro.Si se imponen estas visiones, la euforia y el optimismo de ayer no habrán sido más que un espejismo; uno más.