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La escalofriante eficacia de las armas del terror

Un acto terrorista opaca y posterga toda otra cuestión. Pedro Luque.

27 de abril de 2013 a las 12:02 a. m.
Redacción La Voz
La escalofriante eficacia de las armas del terror

Un acto terrorista opaca y posterga toda otra cuestión. Crisis económica, reforma migratoria, control de armas, todo pasó a segundo plano en Estados Unidos durante estos días tras las explosiones mortíferas en Boston, la persecución implacable de los autores y la investigación que aún no revela el motivo de tan sangriento acto. Después llegó una carta con veneno a Obama. Y más tarde, Canadá frustró un ataque supuestamente dirigido por Al Qaeda contra trenes que conectan Toronto con Nueva York. "Sufrimos. Estamos de luto. Pero no nos intimidarán. En todos los frentes, el terrorismo como arma está perdiendo", manifestó el vicepresidente estadounidense, Joseph Biden, durante el homenaje que recibió el miércoles pasado un policía asesinado en medio de la desesperada huida de los atacantes de Boston.Pese al optimismo de Biden, el terror como arma nunca pierde. Incluso cuando la bomba no explota, genera una onda expansiva que golpea la sensación de seguridad de la gente. Ocurrió esta semana en Canadá, donde las autoridades aseguran haber desbaratado el primer ataque del que se tiene noticia planeado por Al Qaeda en ese país.Tras nueve meses de seguimiento, los investigadores canadienses de­tuvieron el lunes a dos extranjeros y los acusaron de recibir orientación de miembros de la red terrorista en Irán, aunque Teherán lo desmiente.Canadá tuvo la suerte de que un imán se contactara con la policía, preocupado por el comportamiento de uno de los sospechosos. En cambio, en Estados Unidos se cuestiona hoy al FBI por haber cerrado una investigación iniciada en 2011 sobre el mayor de los hermanos que atentaron el 15 de abril contra la Maratón de Boston.Ahora se sabe que, en marzo de 2011, el FBI recibió una petición de Rusia para entrevistar a Tamerlan Tsarnaev porque supuestamente era "un seguidor radical del islam". Pero los investigadores estadounidenses no encontraron nada sospechoso ni indicios de actividad terrorista.Ese descuido, o subestimación, permitió que Tamerlan y su hermano Dzhokhar mataran con dos bombas caseras a tres personas e hirieran a otras 264. Según investigadores, el ­siguiente objetivo de los dos hermanos de origen checheno era el Times Square de Nueva York. Heridas demasiado profundas. Contrariamente a la apreciación de Biden, el terrorismo como arma está muy lejos de desaparecer. Mientras eran lloradas las víctimas de Boston, el martes un coche bomba contra la embajada francesa en Trípoli dejó dos heridos, aunque el canciller galo, Laurent Fabius, dijo que el atentado "podría haber sido una carnicería" si hubiera sucedido un poco más tarde, con el grueso del personal diplomático en sus puestos.Ese mismo día, en España fueron detenidos dos presuntos islamistas, a los que el Ministerio del Interior atribuyó un perfil similar al de los hermanos Tsarnaev.Además de su terrible eficacia, el terror como arma deja heridas que sangran durante mucho tiempo. Según el relator especial de la ONU para la situación de los palestinos, Richard Falk, el "histérico cerco policial" que se dispuso para capturar a Dzhokhar Tsarnaev "sugiere que las heridas del 11-S siguen abiertas"."Estados Unidos es afortunado por no haber experimentado peores consecuencias, y todavía pueden ocurrir, sobre todo si no hay disposición a repensar las relaciones estadounidenses con el resto del mundo, empezando por Medio Oriente", dijo Falk, un estadounidense que además es profesor emérito de Derecho Internacional de la Universidad de Princeton.La reacción de la embajadora estadounidense ante la ONU, Susan Rice, fue contundente: "Alguien que vomita ese tipo de comentarios envenenados no debe tener un lugar en la ONU".