Escalada antes del recambio
Casi todos la presentaron como la crónica de una ruptura anunciada. Marcelo Taborda.
Casi todos la presentaron como la crónica de una ruptura anunciada. Pero no por ello el agravamiento de la tensión entre Venezuela y Colombia puede soslayarse, en un escenario con demasiados actores involucrados.
La decisión tomada ayer por Hugo Chávez fue el corolario de una tirantez con su vecino Álvaro Uribe que tuvo ocho años cargados de imputaciones y reproches mutuos.
Los momentos más candentes, en los que se agitó el fantasma de una guerra, sobrevinieron al ataque de las fuerzas armadas colombianas a un campamento de las Farc en el que se violó la soberanía territorial ecuatoriana. La tensión derivó entonces en la ruptura de relaciones de Quito con Caracas, la movilización de tropas venezolanas y en una escalada verbal que obligó a la mediación de otros gobiernos de la región para zanjar la crisis.
Hace un año, Chávez ordenó "congelar" la relación con su vecino, después de que Bogotá le imputara desvío de armas hacia las guerrillas.
Caracas acentuó sus imputaciones hacia Uribe, quien fuera el interlocutor de George W. Bush en la región, cuando se conoció que Colombia cedería siete de sus bases militares para el uso de Estados Unidos.
En cada episodio y con evidentes diferencias de estilo y verborragia, ambos mandatarios no ahorraron epítetos para descalificar al otro.
Sus opositores internos endilgaron a cada uno de ellos que necesitaban del otro, del "enemigo externo", para fortalecerse puertas adentro.
Lo sugestivo de esta crisis es que se desencadena cuando faltan apenas dos semanas para que Uribe ceda el mando a Juan Manuel Santos.
Aunque, si se piensa en que Santos fue el ministro de Defensa que tuvo papel activo en los momentos de más roces, y en que Chávez, como Ecuador, subieron la guardia antes de su anunciada victoria en las urnas, no cabría esperar grandes cambios en unas relaciones traumáticas.
Santos, de gira en México, dijo ayer que su mejor contribución en esta crisis era no hablar de Venezuela. Hay silencios más que elocuentes.
Mientras, 250 mil familias que pueblan la frontera y los actores de un intercambio comercial que superó los seis mil millones de dólares en 2008 esperan que, una vez más, la munición usada sea sólo verbal.

