Entre los buenos oficios y la primera misión relevante
La intención de abordar las crisis del continente en la Unasur, antes que desde la OEA -donde EE.UU. suele inclinar la balanza-, no es algo nuevo o que sólo impulsen Brasil y Argentina. Marcelo Taborda.
Con un día de diferencia, pasaron por Buenos Aires el presidente electo de Colombia, Juan Manuel Santos, y el canciller de Venezuela, Nicolás Maduro.
Ambos se reunieron con la presidenta Cristina Fernández, quien ofreció sumar una gestión de Argentina para el acercamiento entre partes a la incipiente mediación en el conflicto que intenta su esposo, el ex presidente Néstor Kirchner. Éste, en su carácter de secretario general de la Unión de Naciones Suramericanas recibió por separado a Santos y Maduro.
Como presidenta, Cristina ofreció su disposición a acercar a las partes de la misma manera que lo hizo el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, quien recibió a Maduro en Brasilia un día antes de que éste llegara a la Argentina. Ambos mandatarios fueron los primeros en expresar preocupación y deslizar su intención de viajar a Caracas antes de ir a Bogotá, para el cambio de mando en la Casa de Nariño.
Brasil, impulsor de la Comunidad Sudamericana de Naciones, nacida en 2000 y que en mayo de 2008 derivó en la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), ha tenido un papel clave en la resolución de las crisis más recientes que afrontó la región. Lula, inmerso ya en los últimos cinco meses de una gestión de ocho años, no quiere que los golpes cruzados por Chávez y su vecino Álvaro Uribe, alteren un escenario donde afianzó un indiscutible liderazgo.
Lula prevé visitar Caracas un día antes de su viaje a Bogotá, pese a que verá a Chávez en la Cumbre del Mercosur de San Juan, donde Cristina será anfitriona.
Pero la intención de abordar los conflictos sudamericanos en la Unasur antes que desde la Organización de Estados Americanos, donde el peso de Estados Unidos suele inclinar balanzas, no es algo nuevo ni que sólo Brasil y Argentina impulsen.
La amenaza de un golpe o una secesión en Bolivia entre agosto y setiembre de 2008 derivó en la reunión urgente de la Unasur en Chile, bajo la presidencia pro tempore de Michelle Bachelet.
Aquel fue el "bautismo de fuego" de un organismo que volvió a convocarse de urgencia un año más tarde, en San Carlos de Bariloche, ante las fricciones provocadas por el anuncio de que Colombia cedería siete de sus bases militares a Estados Unidos.
¿Tiempo completo? Por entonces, el bloque no había elegido a su secretario general, Néstor Kirchner, quien fue ungido a principios de mayo pasado, luego de que el flamante presidente de Uruguay, José Mujica, levantara el veto que su antecesor, Tabaré Vázquez, ejercía sobre el santacruceño por el litigio de las papeleras.
Por eso, la actual crisis colombiano-venezolana es el primer reto del ex mandatario en un papel internacional que acaso debería ocuparle tanto o más tiempo que sus funciones internas de diputado y titular del PJ. Al menos fue lo que le encomendaron al designarlo por consenso los gobernantes de la región.
Más allá de matices que comienzan a dibujarse en el continente -sobre todo tras la elección en enero de Sebastián Piñera en Chile y de Santos en junio-, Unasur parece apostar a consolidarse.
Pero para avanzar en la integración que es parte de su acta fundacional, deberá vencer las reticencias de quienes se sienten más cómodos con el liderazgo estadounidense en una OEA con sede en Washington, que con esta institución aún incipiente, que alterna domicilios entre Bolivia y Ecuador.
En Quito se darán cita mañana los cancilleres de Sudamérica. El ecuatoriano Rafael Correa, presidente pro tempore de la Unasur, dijo que las aguas estaban muy crispadas para una cumbre de mandatarios que tendrán nuevo socio en 10 días.
El encuentro del lunes con Santos quizá sea un buen paso para superar la desconfianza de Bogotá en un Kirchner al que achaca su afinidad con Chávez y una gestión sin mucho éxito en la liberación de rehenes de las Farc.

