Temas del día:

El enemigo, en el espejo

A esta altura del calendario electoral estadounidense, pero hace ya cuatro años, Barack Hussein Obama comenzaba a librar una apasionante compulsa interna con la ex primera dama y senadora Hillary Clinton, convertida hoy en secretaria de Estado. Marcelo Taborda.

04 de enero de 2012 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
El enemigo, en el espejo

A esta altura del calendario electoral estadounidense, pero hace ya cuatro años, Barack Hussein Obama comenzaba a librar una apasionante compulsa interna con la ex primera dama y senadora Hillary Clinton, convertida hoy en secretaria de Estado. Las primarias demócratas acaparaban la atención porque la crisis económica y los ocho años que marcaron a fuego la era republicana comandada por el "presidente en guerra", George W. Bush, parecían haber agotado ese estilo prepotente por un buen tiempo en la Casa Blanca.Cuando la interna demócrata se redujo a un duelo entre quienes aspiraban a ser la primera mujer presidenta o el primer presidente negro del país más poderoso del planeta, ya existía la certeza de que el vencedor estaría llamado a hacer historia y tendría en sus manos las llaves del Despacho Oval.El discurso de cambio del ex senador afroestadounidense y su sintonía con los jóvenes a través de las redes sociales acabaron inclinando la balanza interna para Obama, a pesar del deseo de algunas viejas estructuras demócratas que apostaban por Hillary.El " Yes, we can (Sí, podemos)" de Obama retumbó aun más ante el veterano contrincante republicano al que enfrentó el primer martes de noviembre de 2008, el senador John McCain.Casi cuatro años después, Obama no tiene rivales internos en su aspiración de reelección, pero su retórica tan convincente y su imagen de nueva era de entonces tropiezan con cuatro años de ambiguas decisiones y no pocos dobleces. Hasta el " We can't wait (No podemos esperar)" de su nuevo eslogan para endilgarle responsabilidades al obstruccionismo del Congreso por sus virajes o mora en leyes clave como la reforma de salud o las normas migratorias parece dar muestra de promesas incumplidas o proyectos a mitad de camino.Si el segundo mandato es el que los jefes de la Casa Blanca emplean para intentar pasar a la posteridad con algún legado, Obama debería husmear en aquellos primeros discursos que hacían augurar vientos de cambio real en Washington.Pero hasta ahora, Obama parece haber puesto su oído proselitista en los planteos más conservadores o en el consejo de "no espantar votos" con medidas osadas en el primer mandato, que le dio el ex presidente demócrata Jimmy Carter por experiencia propia.Claro que para muchos de esos jóvenes que se sumaron a su campaña en 2008 y hoy ocupan con sus protestas Wall Street, lo que espanta votos es el no cierre de Guantánamo, el salvataje a los banqueros y especuladores o las intervenciones y guerras que, maquilladas, se siguen librando por el petróleo.Sin embargo, el auge alcanzado en su momento por el Tea Party (hoy en baja) desplazó debates, perfiles y promesas preelectorales hacia la derecha más conservadora e intolerante, y el primer presidente negro sabe que hay un espectro de votantes que no puede ignorar.Pese a todo, nombres como Mitt Romney, Ron Paul, Rick Perry, Newt Gingrich, Rick Santorum o Michele Bachmann, que ayer en Iowa comenzaron su disputa interna, no parecen aún rivales de fuste para el presidente. La economía y sus propias contradicciones son por ahora sus peores enemigos.