El primer ministro británico más joven, desde 1812
Sólo algunos pocos medios lo precisaron.Juan Marguch.
La designación del líder del Partido Conservador británico, David Cameron, ganador sin mayoría absoluta de las elecciones generales del 6 del actual como nuevo primer ministro de Gran Bretaña, impulsó a la inmensa mayoría de los vertiginosos medios del mundo a decir de él que será el premier más joven en la historia del Reino Unido.
Sólo algunos pocos medios -la mayoría británicos, es obvio, como así también este diario- precisaron que será el primer ministro más joven desde 1812.
Es que aquel año, el rey George III, que pasó gran parte de su vida caminando en la finísima línea que separa la cordura de la locura (cayó finalmente del lado previsible, tratándose de un Hannover) designó para ese cargo a William Pitt, llamado "el Joven" (28 de mayo de 1759 / 23 de enero de 1806).
Fue premier de Gran Bretaña entre 1783 y 1801 y desde 1804 hasta 1806. Es decir que ascendió al cargo cuando sólo tenía 24 años, después de haber realizado una estupenda carrera en la Cámara de los Comunes, donde ingresó a sus 19 años.
Como pocos. Fue el único político de su tiempo que tenía formación en ciencia política. Leyó íntegramente la voluminosa e inmortal La riqueza de las naciones , de Adam Smith, que con ese libro creó precisamente las ciencias económicas. (Sobran los dedos de una mano dinamitada para contar a los primeros ministros ingleses, y de cualquier otro país, que tengan algún conocimiento de economía).
Pitt era de un talento deslumbrante, atribuible en parte, quizá, a su adicción al oporto. Era hombre de cuatro botellas diarias.
Fue una especie de Winston Churchill ante litteram , pues se hizo cargo de los destinos de su patria cuando el Reino Unido se había quedado en soledad frente a Napoleón Bonaparte, pero tuvo una fantástica habilidad para forjar coaliciones que terminaron por derrumbar al Petit Caporal.
Y tuvo además una fastuosa suerte. Porque precisamente el año que juraba como primer ministro, Napoleón marchaba contra Rusia, para encontrarse con su helada Némesis.
Los británicos lo recuerdan con orgullo, pero no le ahorran maldiciones, porque, para financiar el esfuerzo bélico, creó decenas de impuestos que terminaron por adquirir un detestable matiz argentino: comenzaban como impuestos de emergencia "y por esta única vez" y algunos de ellos siguen aún tan lozanos a casi dos siglos de su entrada en vigencia.
Sus años finales fueron un amasijo de grandezas y desdichas.
Destruido por el alcohol, balbuceaba incoherencias en la Cámara donde su talento había prodigado maravillas de retórica parlamentaria unos años antes.
Fue un relámpago de 47 años. A los 43 años que hoy tiene Cameron él había realizado su singular proeza política, todo un poderoso despliegue de los claroscuros del alma humana.

