El Papa pidió a las víctimas que perdonen los abusos y prometió adoptar medidas
Benedicto XVI aseguró que la Iglesia hará "todo lo posible" para que semejantes actos jamás vuelvan a suceder.
Ciudad del Vaticano. El papa Benedicto XVI pidió ayer a las víctimas de abusos que perdonen los pecados de los sacerdotes y prometió que la Iglesia hará "todo lo posible para que semejantes abusos jamás vuelvan a suceder".
El pontífice pidió perdón ante 15 mil sacerdotes de todo el mundo y decenas de miles de monjas y seglares, con los que clausuró en la plaza de San Pedro del Vaticano el Año Sacerdotal, durante el que "han salido a luz", según manifestó, los escándalos de abusos sexuales a menores por parte de clérigos en numerosos países.
Joseph Ratzinger afirmó que "era de esperar" que al "enemigo", como llamó al demonio, no le guste que el sacerdocio "brille de nuevo" y que prefiere verlo desaparecer, "para que al fin Dios sea arrojado del mundo".
"Y así ha ocurrido que, precisamente en este año de alegría sacerdotal, salieron a la luz los pecados de los sacerdotes, sobre todo el abuso a los pequeños, en el cual el sacerdocio, que lleva a cabo la solicitud de Dios por el bien del hombre, se convierte en lo contrario", machacó.
En estos meses se han conocido abusos de curas pederastas durante años en Irlanda, Alemania, Austria, Italia, Holanda y Bélgica, así como nuevos datos de casos ya sabidos en Estados Unidos.
Por estos escándalos, el Papa destituyó a varios obispos y numerosos sacerdotes.
Nunca más. "Nosotros también rogamos el perdón de Dios insistentemente y de las personas afectadas, al tiempo que prometemos que haremos todo lo posible para garantizar que ese tipo de abuso no ocurrirá de nuevo", expresó el pontífice.
Benedicto XVI, en ese mea culpa, prometió que en la admisión al ministerio sacerdotal y en la formación que prepara al mismo se hará "todo lo posible para examinar la autenticidad de la vocación". Asimismo, aseguró que la Iglesia quiere acompañar "aún más a los sacerdotes" en su camino.
También agregó que si el Año Sacerdotal hubiera sido convocado para una glorificación de los logros humanos de los clérigos, "habría sido destruido por estos hechos".
Ratzinger considera lo ocurrido "como una tarea de purificación, un quehacer que nos acompaña hacia el futuro".
El Papa teólogo dijo que al igual que el pastor necesita la vara contra las bestias salvajes que quieren atacar al rebaño y contra los salteadores que buscan su botín, la Iglesia debe usar el bastón del pastor, "la vara con la que protege la fe de los farsantes, contra las orientaciones que son en realidad desorientaciones".
"En efecto, el uso de la vara puede ser un servicio de amor. Hoy vemos que no se trata de amor cuando se toleran comportamientos indignos de la vida sacerdotal", manifestó.
Agregó que tampoco se trata de amor si se deja proliferar la herejía, la tergiversación y la destrucción de la fe.
El Papa manifestó que el sacerdote no es sólo alguien que detenta un oficio, sino un sacramento, y exhortó a los sacerdotes a cuidar de los hombres.
Aseguró que Dios nunca abandona al hombre, incluso cuando cae en la "cañada oscura y tenebrosa de la vida y todas las luces parecen apagarse".
La clausura del Año Sacerdotal se celebró en una plaza de San Pedro convertida en un manto blanco de sacerdotes, vestidos con camisa y estola blanca.
A la misa asistieron sacerdotes de 91 países, muchos llegados de Argentina, Colombia, Bolivia, Brasil, Cuba, Ecuador, México, Uruguay, Venezuela, Brasil y Portugal.
¿Será suficiente? No se sabe si los comentarios del Papa serán suficientes para satisfacer las demandas de grupos de víctimas que exigen un mea culpa personal por parte del pontífice, seguido de un plan concreto de acción para proteger a los niños.
El legado de Benedicto XVI se ha visto afectado por el escándalo desde que era arzobispo de Munich en la década de 1980, cuando aprobó una terapia para un presunto pederasta al que le permitieron retomar sus actividades pastorales mientras era tratado.
El padre Peter Hullermann fue suspendido finalmente por abusar de un menor de edad.
También el papel de Benedicto XVI al frente de la oficina del Vaticano encargada de lidiar con incidentes de abuso sexual está bajo observación.
Si bien el Papa ya había realizado pedidos de perdón por los abusos, los comentarios de ayer fueron un reconocimiento público de los pecados de sacerdotes, un pedido de perdón por parte de las víctimas y Dios, y una promesa de acción.

