"El Che nos promete cosas para esta vida"
Juan Martín, hermano del "Che", cuenta su relación con el líder revolucionario y cómo lo afectó ese parentesco durante los cuatro años que pasó como preso político.
"No es fácil para mí estar delante de la gente", asegura Juan Martín Guevara luego de disertar en la Séptima Semana del Che, organizada por la Municipalidad de Alta Gracia. La jornada se llevó a cabo en el museo-casa Ernesto Che Guevara, donde su familia habitó por varios años. Allí fue designado como padrino de un nuevo proyecto turístico internacional denominado Las Rutas del Che. En ese contexto, el menor de la familia Guevara accedió a una entrevista con La Voz del Interior.
Juan Martín Guevara tiene 67 años. Tenía 15 cuando la Revolución triunfó en Cuba en el 1959. En Argentina, fue preso político entre 1975 y 1979. Durante varios años participó en el stand de Cuba en la Feria del Libro en Buenos Aires, en la venta de libros y otros productos cubanos.
Sobre su actividad actual, prefiere no brindar datos. "Me dedico a los Caminos del Che y a hacer entrevistas con La Voz del Interior , por ejemplo", bromeó.
En los últimos años, fueron escasas las apariciones públicas de los hermanos del Che, como un acuerdo tácito entre los familiares para no dar entrevistas ni aparecer en los medios.
-En ese caso, ¿por qué decidió apoyar un proyecto que va a ser público, como lo es Las Rutas del Che?
-Hay algunas cosas que tienen que ver con uno. Ya mi generación va desapareciendo. Mi hermano tiene 79, mi hermana 80, y yo 67, y las cosas que nosotros podemos realmente conocer, saber o trasladar, si no las damos a conocer ahora, probablemente no las daremos a conocer más, eso por un lado. Por otro lado, hay cosas que se dan, que son los encuentros, que esto fuera surgiendo, como este museo del Che, o los caminos del Che. También la cercanía de gente, gente que uno conoce, que te convence cuando uno ya está dejándose convencer. Hay una intención de dejarse conocer, no digo presión, pero sí una sugerencia de que comience a hablar, y así se dio.
Llevarse lo mejor posible
-¿Qué significa en su vida ser el hermano del Che? ¿Cómo vivió esa relación?
-Para mí, mi hermano es Ernesto, o "Ernestito", o algunos otros apodos que tenía para nosotros. En algún momento, cuando ya se convierte en una personalidad, el hecho de que sea hermano comienza a tener una repercusión diferente. Desde que tengo 14 años comenzó a ser una persona conocida, inclusive antes de desembarcar en el Granma, y ya después del desembarco del Granma, se empieza a hablar de un médico argentino. Y empieza a haber algunos problemas con nosotros, o sea con la familia, problemas de violencia, problemas de agresión, entonces deja de ser neutral la cosa. O hay alguien que le parece muy bien, o alguien al que le parece muy mal, ya no da lo mismo. Así que son muchos años de ser hermano, y hermano de alguien que va creciendo, creciendo hasta llegar a la estatura que hoy tiene. Es casi como si te dijera, te molesta tener pelo negro, o te molesta tener los ojos oscuros. A lo mejor te puede molestar un poco, y quisieras tenerlos verdes, pero bueno, te tocó que fueran negros. Entonces te tenés que llevar lo mejor posible con el color de tus ojos.
-¿Qué le quedó de su relación con el Che? Porque usted era bastante chico...
-Lamentablemente, no pude tener la relación íntima que tuvo otra gente. No sólo con los hermanos, como Che, no como Ernesto. Ninguno de los hermanos pudo tener una relación larga, porque todos nos quedamos en Argentina y él en Cuba. Nos vimos un poco en Cuba, un poco en Punta del Este, o en algún cruce a través de mi vieja, o algún cruce de cartas; eran cruces de cartas muy formales o de cariñoso cumpleaños. Obviamente, había una interrelación, de un ir y venir, de pensar, de aceptación. De hecho, por eso nunca nos hemos dedicado a hablar públicamente. Yo trabajé muchos años en la Feria del Libro, en el stand de Cuba y con productos cubanos, y me topaba con toda clase de gente, por supuesto. En el stand cubano teníamos ron y venían cubanos de Miami a tomar, y por ahí se enteraban de mi parentesco y tenía que manejarme en esa situación. Incluso en Cuba misma, en la época en la que se hablaba de los que se habían ido. Para mí era complicado. La familia debe tratar de unirse. Siempre he tratado de contemporizar y no de ir al choque. Cuando tratan de chocar, es como el torero, que pase de largo y choque con otro lado, y no confrontar.
-¿Cómo se enteró de la muerte del Che?
-Por los diarios.
Un referente
-¿Qué se siente al ver el retrato de Korda en casi todos lados, este Che mundial que hay a nivel publicitario?
-Hay una figura que ha transcendido todo lo imaginable, y esa figura puede ser utilizada para hacer negocios, como efectivamente se hace. Puede tratar de ser minimizada para que no sea un referente para cambios reales. Es un referente para determinados cambios en la gente. Entonces está toda tironeada esa figura.
Es demasiado actual, por eso la comparación cuando decían que las dos personas más conocidas en el mundo eran Cristo y el Che, lo que probablemente sea cierto. Lo que pasa es que Cristo ya está cristalizado y crucificado. Además, se lo plantea como el Cristo redentor de la humanidad, en una nueva vida en la que estemos mejor. Este Cristo es más terrenal y más cercano, no nos promete para la otra vida, sino para ésta. Aunque no pronto. No para después de la muerte, sino para la vida.

