El ajuste agrieta al gobierno británico
La Cámara de los Comunes aprobó el polémico incremento de las tasas universitarias y produjo las primeras fisuras en la coalición de conservadores y liberal-demócratas.
Londres. La primera rebelión en la coalición de conservadores y liberal-demócratas que gobierna el Reino Unido no impidió ayer que la Cámara de los Comunes aprobara con 323 votos a favor y 302 en contra el polémico incremento de las tasas universitarias. Con gran número de diputados liberales votando en contra, la coalición redujo a 21 votos la mayoría de 84 escaños en que se apoya. Y los liberales quedaron divididos: 28 votaron a favor, 21 en contra y ocho se abstuvieron. Mientras los diputados debatían y votaban, cientos de policías protegían el recinto del Palacio de Westminster de la ira de los estudiantes. El impresionante cordón policial contrastó con la falta de previsión que Scotland Yard tuvo hace un mes, cuando al final de una masiva manifestación un grupo de estudiantes tomó el edificio en el que se ubican las oficinas del Partido Conservador en Millbank, cerca del Westminster.Hubo momentos de tensión, con cargas a caballo de los antidisturbios para evitar que los manifestantes rompieran el cordón a lo largo de la tarde.La reforma tiene como objetivo subir de forma sustancial las tasas universitarias, que hoy tienen un tope de 3.450 libras al año (4.120 euros) y pasarían a tener un tope máximo de nueve mil libras (10.750 euros), aunque la tasa más común será de seis mil libras (7.150 euros).Aunque esas cifras pueden dar vértigo, la clave de la reforma es que los estudiantes no habrán de pagar nada hasta que estén trabajando y con unos ingresos anuales de más 21 mil libras (25 mil euros). El gobierno asegura que la reforma es progresista, que hay numerosos mecanismos para ayudar a los estudiantes de origen humilde y que con los actuales niveles de población que aspira a tener estudios universitarios es imposible que su costo se cargue al bolsillo de los contribuyentes. El Instituto de Estudios Fiscales emitió su veredicto ayer. Su apreciación fue mixta: el nuevo sistema es más progresista, más complejo, menos transparente, con mayor carga burocrática e incentivos perversos. El ministro de Empresas, el liberal-demócrata Vince Cable, abrió el debate en los Comunes afirmando que la reforma es "progresista" y que el gobierno descartó opciones políticamente más fáciles de digerir pero, según él, peores a largo plazo. El debate, y sobre todo la posterior votación, tenían implicaciones que iban más allá del mero ámbito estudiantil y universitario: fue la primera gran prueba de fuego del gobierno de coalición entre conservadores y liberales-demócratas.Aunque algunos diputados tories se oponen al aumento de las tasas, es en el seno de los liberales-demócratas donde la reforma realmente divide. Los liberales siempre se opusieron al aumento de las tasas y defendían la introducción de un impuesto universitario. Sus candidatos en las elecciones llegaron al extremo de firmar cada uno de ellos en público un documento comprometiéndose a abolir las tasas universitarias si ganaban las elecciones. Ahora que están en el gobierno, pero sin tener la sartén por el mango, se han enfrentado al dilema de romper su promesa electoral o romper el compromiso que adquirieron al formar la coalición con los conservadores de apoyar la reforma.

