Dinero non sancto
Luego de un miniescándalo financiero, el Vaticano reforma la normativa que rige al Instituto para las Obras de Religión, el banco del Estado. Alejandra Conti.
El Vaticano anunció que modificó su legislación para hacer más transparentes sus actividades financieras y combatir el lavado de dinero. La iniciativa es la reacción, al límite del vencimiento, a un ultimátum de la Unión Europea (EU) y otras organizaciones internacionales. El detonante de esta situación fue la acusación contra el director del Banco Vaticano, Ettore Gotti Tedeschi, por no haber informado a las autoridades italianas los detalles de transferencias por 20 millones y tres millones de euros, respectivamente, desde dos pequeños bancos privados italianos al Banco Vaticano. El Banco Central italiano detectó las transferencias y reclamó al Vaticano la identidad de los dueños del dinero, lo que no fue respondido. El gobierno de la Iglesia asegura que la falta de información se debió a un problema de comunicación, pero la omisión va contra las normas europeas de lavado de dinero y contra un ultimátum que venció el viernes, el último día del año pasado, para dar la información correspondiente. El dinero (los 23 millones) fue confiscado.El Banco Vaticano, o Instituto para las Obras de Religión (IOR), como se llama oficialmente, fue fundado por Pío XII en 1942 para administrar el dinero de la Iglesia. Desde entonces se mantuvo al margen de las regulaciones internacionales porque se consideraba que no era un banco en el sentido convencional del término. El hecho de que sólo tenga una sede dentro del Estado Vaticano era uno de los argumentos para sostener esta posición. Sin embargo, se cuestiona que actúa como institución off shore y de allí los reclamos para la modificación de la normativa por la que se rige. Es administrado por un directorio supervisado por una comisión de cardenales y todas sus ganancias se destinan a obras de caridad, según señala el Vaticano. Antecedentes. El Banco Vaticano más de una vez estuvo asociado a hechos o acontecimientos oscuros. El más recordado ocurrió en 1982, cuando se vio afectado por la quiebra del Banco Ambrosiano, el mayor banco privado italiano de entonces, cuyo principal accionista era precisamente el gobierno de la Iglesia Católica. La deuda acumulada y que motivó la quiebra ascendía a 1.300 millones de dólares. Parte del dinero correspondía a préstamos realizados a empresas fantasmas en América latina y se especuló con que la mafia pudo haber estado involucrada. El famoso cardenal Paul Marcinkus era director del IOR (lo fue hasta 1989). El Vaticano lo defendió hasta que la situación se volvió insostenible, luego adoptó una posición distante pero debió pagar más de 240 millones de dólares a los acreedores de la quiebra.El presidente del Ambrosiano, Roberto Calvi, que tenía fuertes lazos con la Iglesia, apareció ahorcado bajo el puente de Blackfriars, en Londres. Todavía no se conocen exactamente los detalles de ese episodio.En La última cena: la mafia, los masones y el asesinato de Roberto Calvi , un libro sobre el juicio que se llevó adelante por esa misteriosa muerte, el autor Pilip Willan, asegura que hay testimonios de que Calvi temía al Vaticano y habría estado involucrado en una extorsión. También dice que Calvi habría enviado dinero a Polonia para sostener al movimiento sindical Solidaridad, y que había trabajado tanto para la mafia como para los masones de la logia P2. "Era un hombre de muchos secretos y lo estaban presionando para que hablara. Otros querían verlo muerto", dice Willan.En otro libro, Vaticano SA , el periodista Gianluigi Nuzzi asegura haber recibido documentos de un ex directivo del IOR que revelaban que el Banco Vaticano tenía como rutina actividades de lavado de dinero de la mafia. Por ahora, el Banco Vaticano no está en la lista blanca de la Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo (Ocde). ¿Habrá que esperar un documento de Wikileaks para saber más sobre este tema?

