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Dilma, ante la urgencia de honrar los compromisos

Dos días después de convertirse en presidenta electa, Rousseff asiste a las pujas de poder que Lula resuelve con liderazgo carismático. Marcelo Taborda, enviado especial.

03 de noviembre de 2010 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Dilma, ante la urgencia de honrar los compromisos

Dilma Rousseff, la presidenta electa de Brasil, decidió postergar su descanso para un día después del feriado de ayer por el Día de los Difuntos y mantener nuevas reuniones políticas con el fin de armar su equipo para la corta transición. En los medios locales ya se especula con que, en el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), que lidera el flamante vicepresidente electo Michel Temer, no todos vieron con buenos ojos que entre los designados para conducir ese proceso (el ex ministro de Economía Antonio Palocci y el presidente del Partido de los Trabajadores, Eduardo Dutra) no hubiera nombres de las otras fuerzas de la amplia coalición triunfante.Detrás del número 13 del PT, se encolumnaron además del PMDB, el Partido Socialista Brasileño (PSB), antes una fuerza menor pero ahora gobierno en seis estados; el Partido Democrático Trabalhista (PDT), en el que Dilma comenzó en la política partidaria tras su lucha clandestina contra la dictadura y sus años de prisión y tortura; el Partido Comunista del Brasil (PCdoB) y otros grupos que, con más o menos peso, quizá comiencen antes de lo pensado a demandar sus cuotas de poder, en forma de ministerios o cargos expectables.El PMDB, fuerza del ex presidente José Sarney, entre otros, se las ha ingeniado siempre para mantenerse como bancada mayoritaria en el Congreso y ser el partido con más distribución de poder a nivel nacional, siendo parte del "oficialismo" en los últimos 16 años. Sobre la base de carisma. Luiz Inácio Lula Da Silva sabía cómo contentar a todos a partir de su figura carismática y de un poder de convicción que en los actos públicos lo convertía en una suerte de pastor capaz de conmover hasta las lágrimas a su audiencia de militantes o devotos sin bandera de su figura. Dilma deberá aprender de eso y mucho más para calmar, antes que a sus opositores, a los compañeros y aliados que representarán las bancadas mayoritarias en el Senado y en la Cámara de Diputados y en los gobiernos de 17 de los 27 estados con que cuenta esta república.Ella sabe, y lo ha dicho, que tiene el respaldo de Lula, quien la convenció de que fuera por primera vez en su vida candidata a algo y le dio energía cuando su estrella se apagaba en medio de denuncias y demonizaciones de toda calaña proselitista. Pero él también será su sombra, a partir de que asuma en el Planalto el próximo 1° de enero.Los diarios locales deslizan a quién pidió Lula mantener en su puesto y a quién mantener lejos del gobierno, y analistas fustigan ese papel del que en dos meses será ex mandatario."Hay quienes ven la presencia de Lula como algo peyorativo, pero qué país o gobierno del mundo se daría el lujo de desperdiciar el consejo y la sabiduría de un cuadro político como él, que se va con más del 80 por ciento de popularidad, después de haber generado tres millones de empleos, creado 42 nuevas universidades, sacado a más de 20 millones de brasileños de la pobreza e incorporado a unos 30 millones a la nueva clase media", nos decía semanas atrás desde Porto Alegre Marcelo Daneris, coordinador político del PT y futuro funcionario en Río Grande do Sul. Con o sin revolución. Sin embargo, hay quienes rechazan la simplificación de que la del domingo fue una victoria de pobres contra ricos o de la izquierda sobre la derecha. "¿Se puede decir que el Bolsa Familia, esa política de transferencia de renta, es una medida de izquierda? No, eso es una medida más bien de derecha; dar una limosna a los pobres y pagar fantásticos intereses a los banqueros, la patria financiera, que son los únicos que pueden desestabilizar un gobierno", decía antes del primer turno a este enviado en San Pablo el periodista Clovis Rossi, columnista de la Folha ."Si les pagas 29 veces más por año a unos cinco millones de familias, de lo que les das a las 12 millones de familias beneficiarias del Plan Bolsa, comprendes por qué los ricos también estaban contentísimos con Lula", decía Rossi, quien apuntaba al titular del Banco Central de Brasil, Henrique Meirelles (mencionado como uno de los que seguiría con Dilma), como niño mimado por el Foro de Davos.Dilma ha prometido profundizar las conquistas sociales de Lula y erradicar la pobreza, o al menos avanzar en ello, achicando la desigualdad y el desamparo que afecta aun aquí a millones de personas y que –dijo– "ponen un abismo entre Brasil y las naciones más desarrolladas".La presidenta electa inicia hoy un corto período de descanso antes de viajar con Lula a la cumbre del G-20 y avocarse a la transición.Debiera aprovecharlo, aunque seguramente sabía que su entrada en la historia como la primera mujer en gobernar este país-continente no le representaría un lecho de rosas.